Señal de rotonda

Saliendo de la rotonda

Estábamos hablando varios amigos sobre un amigo en común al que habíamos invitado. Le habíamos mandado varios mensajes y no respondió a ninguno. Así que nos preguntamos si quizá estaban enfadados o si tenían algún problema.

Entonces, uno de los presentes dijo: «Deja que salgan de la rotonda».

Me pareció una expresión curiosa, porque la verdad es que, a veces, simplemente hace falta dejar un poco de margen para que alguien salga por él mismo de sus «trabes».

A todos nos ocurre de vez en cuando que una situación anómala nos afecta más de lo normal. Durante varias horas, o hasta días, no dejamos de pensar en ella. Después, se nos pasa, y deja de tener trascendencia. Pero mientras estamos en ese estado de preocupación, es como si diésemos vueltas en una rotonda figurativa, sin ver la salida, o sin saber cuál es la correcta.

En estos casos, una opción que puede ser efectiva, más que intentar ayudar de forma activa, es dejar que la persona salga por ella misma de su rotonda. En el fondo, es una forma de mostrar respeto y confianza. Respeto por sus sentimientos, sin juzgar ni valorar. Y confianza porque sabemos que encontrará la salida sin ayuda.

Por supuesto, esto no quita que nos sigamos interesando por la persona, como observadores amables, pendientes de si hace falta echar un cabo.

Ahí lo dejo…

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