Hace ya muchos años, en una galaxia remota (bueno, no tan remota), había grupos de personas llamados empresas que vendían sus productos al precio que querían y de la forma que querían.

Poco les importaban los clientes y lo que opinaran de ellos. No había demasiada competencia al carecer de ofertas similares. Y si ocurría que alguien quería vender lo mismo, formaban alianzas para mantener el control del negocio.

Tampoco existían demasiadas leyes para controlar sus métodos. Pese a la frase “el cliente siempre tiene la razón”, el único dato real a tener en cuenta eran las ventas.

Pero esos tiempos ya pasaron. Ahora, una empresa que quiera vender, va a encontrar una fuerte competencia que le obligará a reducir los precios, y con ello, por desgracia, muchos otros parámetros más.

Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. – Gilles Deleuze Clic para tuitear

El cliente tiene la razón… y el poder

El cliente tiene el poder de valorar y poner nota

Lo que importa es que el cliente se quede satisfecho, pues no solo tiene la razón, sino el poder. Tiene el poder de hablar de ti, y encumbrarte a lo más alto o, por contra, hundirte el negocio..

Un ejemplo son las ofertas hoteleras. En las páginas de venta se ofrecen comentarios de huéspedes anteriores, que sirven de guía para decidir si te quedarás en una “casa donde repetiría todos los años” o en una donde “la limpieza dejaba que desear y el trato fue horrible”.

No solo se valora a las empresas por sus servicios, sino que también se nos valora a los usuarios. Por ejemplo, en plataformas como AirBnB, los propietarios valoran a los huéspedes.

Valorar empresas tiene una derivación que podría resultar muy útil. Recientemente, tuve la oportunidad de conversar con Pedro Galván, fundador y CEO de Sé feliz ahora. Es una interesante propuesta en la que se califica a las empresas por su capacidad de dar felicidad a sus empleados. Dicho de un modo más técnico, retener y atraer el talento.

Creo que la idea es buena, y probablemente será parte del futuro empresarial a corto plazo. Francamente, no estaría mal que, al buscar empleo, pudieras conocer de antemano que valoración tiene la empresa que te interesa.

Tus clientes más descontentos son tu mayor fuente de aprendizaje. – Bill Gates Clic para tuitear

La cara fea de las valoraciones

Por supuesto, poner notas o calificaciones o recibirlas tiene su cara no tan amable.

Ya desde niños nos ponían nota en los exámenes. Pero esta vieja costumbre se está desmandando. Ya tocamos el tema de refilón en el aríticulo “La técnica del rascacielos”. Parece que ahora, si quieres triunfar en el mundo online, debes practicamente dar todo gratis, con la esperanza de que alguien compre alguno de tus servicios, como si de una limosna se tratara.

Valoraciones en entorno digital

Valoramos y se nos valora en redes sociales. En el caso de personas, muchos le llaman “marca personal”. Opinamos sobre productos, libros, cursos y todo tipo de servicios. En muchas ocasiones, las opiniones se transforman en insultos, y en el camino se pierden los valores y el respeto.

Si la cosa sigue así, poner nota podría llegar a ser norma de todo ambito, incluyendo a docentes, políticos, funcionarios, militares o hasta amistades, parejas y familiares.

No es muy dificil atacar las opiniones ajenas, pero sí sustentar las propias, porque la razón humana es tan débil para edificar, como formidable ariete para destruir. – Jaime Balmes Clic para tuitear

La reflexión

¿Qué te parece? ¿Crees que es positivo valorar todo tipo de servicios, empresas y personas? ¿Te gusta que se te ponga nota? ¿Piensas, como yo, que este tipo de sistemas irá a más?

Sea como sea, todos valoramos y somos valorados. Aunque no lo reflejemos en ningún sitio, se queda en nuestras cabezas. Es por eso que la reflexión de hoy, más allá de juzgar si juzgar es bueno o no -valga la redundancia-, tiene que ver con aceptar la realidad, y aprovecharla.

Aquí te dejo la reflexión de hoy:

Adelántate a la jugada y pregunta a los demás cómo te valoran a ti y a tus servicios. Acepta las sugerencias que te ayuden a mejorar. No rehuyas de las quejas. Afróntalas. Y por último, por si acaso alguien te ponga nota, procura en todo momento dar lo mejor de ti.

Pesa las opiniones, no las cuentes. – Séneca Clic para tuitear

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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

2 commentarios

Homo Minimus · 04/04/2019 a las 4:22 pm

No hace falta irse a una lejana galaxia hace mucho tiempo; hoy en día, cerca de ti, mucho más si tienes hijos en edad escolar, tienes a esos grupos de gente: se llaman sistema educativo público. En general, se llama administración pública: sanidad, educación, servicios públicos, etc. No necesitan el favor de la gente que les paga, sino de los políticos y sus decisiones. Algunos tienen «la plaza en propiedad» y lo que tú pienses como contribuyente de ellos no les quita el sueño.

    Jaír Amores · 04/04/2019 a las 5:32 pm

    Poco mas que añadir, jejeje. Hay funcionarios que son joyas, pero el sistema no ayuda. Muchas gracias por pasarte por el blog y comentar. Es un honor!

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