“¿Qué opinas de mí?”

Es una pregunta incómoda, que provoca un sinnúmero de reacciones rápidas, en cadena, y… totalmente incoherentes.

En muchas ocasiones, decimos una cosa (para quedar bien), pero no es lo que reflejan nuestras acciones, sobre todo las anteriores a la pregunta. Como esas críticas cuando la persona no está presente. Si ella supiera… ¡buff!

Peor todavía; mientras decimos algo y hacemos otra cosa distinta, estamos pensando en otro tema, como por ejemplo, en salir rápido de ahí.

Más aún. Si pudiéramos parar y fijarnos en lo que sentimos, probablemente notaríamos vergüenza por nosotros, miedo a la reacción, o lástima por quien pregunta.

La situación de antes era un ejemplo. Por desgracia, no es la única ocasión en la que decimos algo, mientras pensamos lo contrario, actuamos diferente y sentimos distinto. ¿Cuántas veces te has descubierto haciendo esto?

Y yo pregunto: ¿se puede acaso vivir en armonía, si ni siquiera nos aclaramos con nosotros mismos? ¿Qué ha pasado con esos niños que éramos, que expresaban sin temor lo que pensaban, y actuaban y sentían con libertad?


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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

3 commentarios

Cristina · 23/10/2019 a las 2:48 pm

Para ser sincera, me he encontrado en esa situación alguna que otra vez (soy humana). Y creo (en mi humilde opinion) que es un enorme error por dos razones de peso:

1) Estamos engañando a nuestro interlocutor bajo la excusa de no herir sus sentimientos.
2) Nos hacemos mucho daño emocional a nosotros mismos, por no ser coherentes entre lo que pensamos y lo que decimos.

Con esto no quiero decir que tengamos que ir diciendo verdades como puños, dando «pol’saco» a todo lo que se menee. Creo que podemos decir lo mismo sin tener que llegar a ser tan hirientes.

Saludos.

Cris.

    Jaír Amores · 23/10/2019 a las 4:19 pm

    Totalmente de acuerdo Cristina. Creo que la mayoría, si no todos, hemos sentido esta incoherencia. Muy acertado tu comentario. Ahora lo llaman “asertividad”, pero es el tener tacto de toda la vida. Gracias por todo lo que aportas. Un saludo desde Las Palmas!

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