Mujer con una máscara

Falsa interacción

Falso, falso, falso… así es gran parte del mundo en internet. 

El aprendizaje sobre SEO (posicionamiento web) me ha llevado a descubrir zonas oscuras en la red de redes. Ya conocía lo de las fake news (noticias falsas), pero no sabía lo que había detrás. Ahora sí. 

¿Por qué alguien iba a viralizar un contenido falso? ¿Por qué alguien iba a exponer sus intimidades o las de su familia, incluyendo a sus hijos? Muy sencillo: la clave está en la cantidad y en la conversión. A más personas visitan una página o un video de YouTube, más posibilidad de que hagan click en un anuncio. Y a más clicks, más ingresos para el propietario. 

En esta vorágine en la que hay tanta competencia, convencer al usuario de que haga algo se convierte en un objetivo más importante que el hecho de ofrecer algo realmente valioso. De ahí que algunos lleguen al extremo de comprar comentarios en Amazon, estrellas en iTunes, o testimonios falsos de compra de un curso online. 

Las llamadas “vanity metrics” (métricas vanidosas) condicionan el uso de las redes sociales. Sí, también es usual comprar seguidores, likes, retweets, comentarios o como sea que se llame en cada red. ¿Y todo esto para qué? En muchos casos, para demostrar con números (números amañados) que eres un “influencer”, o un buen “community manager”. 

Un ejemplo son los videos virales, como el del baile del ataúd.

No contentos con eso, hay quien directamente pone un anuncio falso. Una ganga de un producto que en realidad no tiene. ¿Por qué? Porque cuando alguien interesado pregunta y se le dice que ahora mismo no hay existencias, se le puede ofrecer otro producto a un precio más alto. Para la “víctima”, no comprar se convierte en una pérdida, y ya sabemos que el temor a perder algo que casi tenías en tus manos, es un gran incentivo de compra. 

Estos son solo algunos de los muchos trucos (mejor llamémosles triquiñuelas) usados en el “internete”. No sé muy bien si estaba mejor antes, siendo ignorante. Bueno… sí que lo sé. Prefiero saber y que no me engañen. O por lo menos, que no me engañen tanto. 

No hay nada malo en que alguien quiera generar ingresos por su trabajo, sea este físico o virtual. Al final, son horas de dedicación. Pero hay un límite ético que no se debería romper nunca: la honestidad.

Vende verdad, y no necesitarás vender nunca. 

Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… ¡que lo pases muy bien!

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