El ciclo del artista

El ciclo del artista: procura que no te pase

¿Tienes redes sociales y publicas alguna cosilla de vez en cuando? ¿Tienes tu propio blog y escribes contenidos? ¿O canal de YouTube o podcast? Si es así, este artículo te interesa. Aunque no te consideres un artista, tienes mucho que dar al mundo. Pero hay un problema. Igual, sin quererlo, te estás perjudicando a ti mismo.

¿Y eso por qué? Pues por un efecto que he llamado «el ciclo del artista». Cuando se me ocurrió, me vino a la cabeza una escena de la película «Jurassic Park», en la que el Doctor Ian Malcolm habla de un ciclo sobre la vida de los dinosaurios:

  • Dios crea a los dinosaurios
  • Dios destruye a los dinosaurios
  • Dios crea al hombre
  • El hombre destruye a Dios
  • El hombre crea a los dinosaurios

Entonces, la doctora continúa de forma magistral, aprovechando para dejar un recadito sobre el lenguaje inclusivo:

  • Los dinosaurios se comen al hombre
  • La mujer hereda la tierra

Te dejo el video para que te rías un rato:

El ciclo del artista

Bueno, pues de forma similar, hay un ciclo del artista. Es algo que ocurre con todos aquellos que publicamos contenidos en internet, pero especialmente, en las redes sociales.

Resumido, el ciclo sería así:

  • El artista crea su arte
  • El artista cuelga su arte en internet
  • Internet aprende qué es arte
  • Internet crea su arte
  • El artista ya no es necesario

Lo explico.

En primer lugar, un artista crea arte. Puede ser pintura, literatura, música o cualquier otra cosa. Como buen artista, -y creo que esto es algo inherente al ser humano-, intenta compartir su arte. De hecho, no tendría sentido crear para que nadie más lo vea ni lo disfrute ni lo aproveche.

Y aquí viene la gran cuestión: ¿cómo compartimos nuestras creaciones? ¡Pues en el internete! Está claro. Es gratis. Y los dueños de las redes sociales, de Google y todas estas compañías son tan generosos que nos permiten llegar a muuuucha gente.

*Por cierto, un tweet, una foto de Instagram, o un mini-cuento en Facebook también es arte.

De momento, todos contentos. El problema está en que internet no da nada gratis. Resulta que hay unos algoritmos cada vez más inteligentes que usan nuestros contenidos para aprender.

Y así, en segundo plano, sin que nadie (o casi nadie) se entere, aprenden si hay un paso de cebra en una foto, qué letras o números aparecen en una imagen, cómo se dice esto o aquello en un idioma, o qué colores llaman más la atención en un cuadro.

La sofisticación de los algoritmos ha llegado hasta tal punto que son capaces de realizar tareas complejas, como conducir un vehículo, dar clases universitarias, o crear literatura, dibujos y música.

Y de pronto, ya no sabemos si cierta obra es de un humano o de un robot. Internet ha aprendido.

Así que la pregunta ahora es: ¿hace falta el artista? ¿hacen falta traductores? ¿abogados? ¿conductores? ¿profesores?

Probablemente pensemos que sí, pero cada día que pasa la respuesta es más bien no.

Así que se da la paradoja de que, intentando compartir nuestras obras, hemos enseñado a un ingrato que nos va a quitar del medio.

¿Cómo salir del ciclo del artista?

Esto es algo complicado. Aunque algunos de nosotros tomemos decisiones al respecto, lo cierto es que la competencia en internet es brutal. Todos los días, artistas incautos comparten su arte con la esperanza de ser vistos y recibir unas migajas de atención, lo cual, cada vez es más complicado.

Lo ideal sería que internet (entiéndase, los propietarios del software donde compartimos nuestros contenidos), nos pagara por lo que hacemos, al mismo tiempo que cobrara por el servicio a los usuarios. Esto sería lo justo. Pero, ¿quién va a estar dispuesto a pagar por algo que hasta ahora era gratis? Ni las compañías tecnológicas ni los usuarios están dispuestos a eso.

Individualmente, podemos darnos de baja de todas las redes sociales, pero aún así dependeríamos de Google y de otros servicios en internet.

*En mi caso, tomé la decisión de dar de baja todas mis redes sociales hace ya un tiempo, y no me arrepiento.

Así que solo nos queda una solución. Volver a lo humano: tratar de tú a tú a las personas. Intentar comunicarnos en la vida real. Ofrecer nuestros servicios directamente, sin mediadores.

Esto no quiere decir que no compartamos lo que sabemos en internet. La idea es mostrar un escaparate. Esto es lo que ofrezco. Si quieres más, habla conmigo, porque mi arte no lo encontrarás fácilmente en internet.

*Por ejemplo, en mi web encontrarás un montón de información sobre efectividad, productividad, desarrollo personal, etc. Pero mi curso del método C.A.R. no lo doy gratis. Aunque el precio del curso es muy bajo para el valor que contiene, considero que sería un error regalarlo. Así mismo, las formaciones para empresas, las clases o las consultorías son, obviamente, en modo offline.

Pasarnos al modo offline, dejar de usar redes sociales y retenernos de publicar ciertos contenidos no es fácil, pero sí posible. Además, hay una ventaja: casi nadie lo está haciendo.

¿Qué te parece a ti? ¿Crees que estoy exagerando con esto del ciclo del artista? ¿Se te ocurren otras maneras de evitar este efecto? Cuéntalo en los comentarios.

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