Robot abeja vs abeja real

Cuando un robot aprueba exámenes, algo anda mal

Normalmente, imaginamos un robot como un humanoide (un bicho con forma humana) que incorpora en su interior un cerebro artificial. Nada más lejos de la realidad. 

Un robot es simplemente una máquina automática programable capaz de sustituir en algunas tareas a los humanos. Es decir, lo que estás usando ahora mismo para leer esto, sí… también es un robot. 

Una de las noticias que sorprenden sobre los robots es que son capaces de aprobar exámenes. Y no solo exámenes sencillos. Según parece, un robot aprobó el examen para ejercer como médico en China

¿Cuál es el problema?

Más allá de lo sensacionalista de muchas de estas noticias, francamente… el hecho de que un robot apruebe exámenes, es preocupante. No porque haya avances en robótica, sino porque haya exámenes que puedan aprobar simples robots. Y porque, con tal de aprobar, NOSOTROS nos estamos convirtiendo en verdaderos robots.

Si te fijas en la imagen de arriba, según Google, la segunda definición de “robot” es una persona que actúa sin pensar, por inercia o dirigida por otra. ¡Qué curioso! Al final, hay muchas personas que se comportan como robots, y pocos, por no decir ningún robot, que se comporte como persona. 

Y es que, para conseguir un título, en muchos casos, no se te pide maestría, ni experiencia, tampoco creatividad. No hace falta que recuerdes para siempre el temario… con que te acuerdes durante los exámenes, es suficiente. Tampoco se valora tu interés por el tema, ni tu dedicación. Tú aprueba, y ya está; te habrás convertido en un autómata más, listo para ser dirigido.

Por eso me quedo con una frase. No, no es la mítica frase cuyo protagonista obviaré (cualquiera puede tener un lapsus):

Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas, porque lo que no van a hacer nunca las máquinas es fabricar máquinas a su vez

No, la frase con la que cierro esta reflexión es (y ojo a las fechas):

Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario

Elbert Green Hubbard (1856-1915)

¿Serás tú ese “hombre” (o mujer)?

Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… ¡que lo pases muy bien!

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