Dragones

Cazador de dragones

Érase una vez un chico de carácter noble, muy trabajador y estudioso. Sus padres, que siempre se habían preocupado por él y por su futuro, se habían entregado duro para darle todo.

El chico se enteró de que, en un remoto lugar, había un maestro de cazadores de dragones. Así que, con gran emoción, sus padres le ayudaron a reunir lo suficiente para el viaje, la estancia y los costes de la maestría.

Poco a poco, el chico fue aprendiendo cómo cazar dragones, las técnicas, estrategias y trucos para ser un cazador de éxito.

Y llegó el día de la graduación. El maestro hablaba maravillas del chico. Tenía potencial. Así que aconsejó a la familia que se especializara un poco más.

Con el orgullo vivo y la ilusión encendida, decidieron que era buena idea. Y poco a poco, el maestro le enseñó como cazar dragones de todo tipo, pequeños, grandes, y más o menos capaces de lanzar fuego por sus fauces.

Al fin, lleno de conocimiento el muchacho, el maestro le mandó ir al bosque a cazar dragones.

Pasados unos años, el muchacho, ya no tan muchacho, vovió desalentado al maestro. “¿Qué te pasa, hijo?” “Pues mire, me da mucha vergüenza decirlo, pero el caso es que, por más que me he afanado, no he encontrado ni he visto un solo dragón. He luchado con toda clase de bichos vivientes, y no me ha ido del todo mal. He sobrevivido en medio de la jungla. Pero dragones… nada.” “Tranquilo. Es normal. Quizá no hayas buscado bien”

El maestro le explicó algunos trucos secretos, que poca gente conocía. Y le mandó de nuevo a la jungla.

Sin embargo, pasados unos cuantos años más, el chico volvió, esta vez más mayor, y más enfadado, y le dijo al maestro que seguía sin ver dragones.

El maestro le contestó: “Mira hijo. Los dragones están ahí. Quizá es que te hace falta un poco más de esmero”. Y, entonces, acercándose a su oído, añadió: “Vuelve de nuevo, y si no los encuentras, haz como yo, y dedícate a enseñar a otros cómo cazar dragones”.

Moraleja: ten cuidado de que no te estén enseñando a cazar dragones. Procura que quien te enseñe, sepa de lo que habla, no por teoría, ni porque haya ayudado (supuestamente) a muchos, sino por propia experiencia, porque vive lo que enseña.

*Permíteme recordarte que en EfectiVida, tienes el curso de organización personal C.A.R. ¿Curso de dragones? Para nada. Es el método que llevo usando desde hace años, después de haber probado otras metodologías. ¿Por qué no le echas un vistazo?

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