No decidió vengarse como lo hace la mayoría.

Prefirió no responder con la misma moneda, pues sabía que no ganaría nada en el cambio.

Tampoco usó el “don” de la palabra, insultando a la cara, ni criticando a la espalda.

No se le pasó por la cabeza usar la violencia, ni física, ni emocional.

Rechazó todo tipo de pensamientos humillantes, como ese de “fue mi culpa”, o el de “si hubiera hecho esto otro”.

Ni ignoró el problema, ni le dio mayor importancia. Escogió no perder tiempo, ni gastar emociones en balde. Sabía que eso no le llevaría a ningún sitio.

Forzar la situación no era una opción.

Sencillamente, su venganza fue… ser feliz.

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Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… (virtualmente)… ¡que lo pases muy bien!


Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. (Sí! El paraíso!) Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría ser efectivos si no nos hace más felices?

2 commentarios

Arabella DaVinci · 15/10/2019 a las 10:43 am

Me encanta! La verdad que a veces deseamos cuando nos hacen daño, que esa persona sienta el dolor que hemos sentido, pero debemos recordar que lo que se siembra se recoge, así que ya pagará, y así nosotros podremos dedicarnos a ser felices y olvidarnos de querer ver a esa persona pagar por su mal… me encanta como lo expresas, muy poético 🙂

    Jaír Amores · 15/10/2019 a las 1:21 pm

    Muchas gracias Arabella! Efectivamente, hay que dedicarse a ser feliz. Bien dicho!

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