Hay, al menos, dos maneras de parecerse a un sello.


La primera consiste en la función que tenían los sellos antiguos de garantizar su contenido. Algunos mandatarios usaban un anillo (también llamado “sello”) para marcar sus cartas, especificando cuál era su origen.

Gracias a ese sello, que se solía grabar sobre una pasta llamada lacre (una especie de cera), la carta pasaba diferentes controles, y, además, llegaba sin abrir a su destino.

Nosotros también podemos resultar ser como un sello cuando nos esforzamos porque lo que digamos sea veraz y confiable. Con el tiempo, nuestras palabras se harán más creíbles para los demás, pues pensarán algo así como: “si lo ha dicho fulanito, debe ser cierto, porque él no habla por hablar”.

Además, si tenemos cierta autoridad, o bien lo que decimos debe ser ejecutado de alguna manera, debemos esforzarnos para que el mensaje sea específico, claro y entendible. Es muy importante que nos aseguremos de que el mensaje ha sido recibido y entendido. Por ejemplo, de nada sirve mandar una circular por correo, y quedarnos tranquilos, si resulta que por un error informático el mensaje no llegó a los destinatarios. Es mucho mejor usar algún método que nos confirme la recepción de los mensajes.


Una segunda manera tiene que ver con la función actual de los sellos. Hoy en día, un sello no indica el origen, ni impide la apertura de la carta antes de tiempo. Más bien, asegura que se han pagado los costes del envío. Para eso, el sello debe permanecer pegado hasta llegar al destino.

Nosotros también podemos pegarnos a “algo” hasta que se cumpla el objetivo.

Podemos hacerlo al ser leales a los demás, y no separarnos de ellos al mínimo problema que surja. No creo que sea muy amoroso ser rápidos en considerar a los demás tóxicos. Seguro que a nosotros no nos gustaría que nos lo hicieran cuando pasamos por algún bache.

Por último, si queremos ser personas efectivas, debemos conseguir nuestros objetivos, y para eso, debemos pegarnos a ellos como un sello al sobre, sin separarnos, aunque cueste.


Decía Bruce Lee: “Sé agua, amigo mío” (Be water, my friend). Pues aquí tenemos otra metáfora: “Sé un sello, amigo mío”.

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Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… (virtualmente)… ¡que lo pases muy bien!


Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. (Sí! El paraíso!) Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría ser efectivos si no nos hace más felices?

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