Un OVNI: un objeto capaz de cambiar de dirección rápidamente

Pues tú dijiste (Y sí, cambié. Soy un OVNI)

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¿Te ha pasado alguna vez que estás explicando tu opinión sobre cierto tema, y alguien te interrumpe diciendo algo así como «Pues tú dijiste»? Con esta frase, se intenta demostrar que tu argumento no vale mucho, porque hace tiempo dijiste algo distinto, incluso lo contrario.

Quizá, esto demostraría que has cambiado, y que, como cambias de opinión cuando te va bien, tu opinión tampoco es que sea muy digna de respeto.

¿Cambian las personas?

Pero… ¿cambia la gente de opinión? De hecho, una de las preguntas recurrentes que tengo es si la gente cambia realmente, y si es así, cómo se logra. A ver… todos cambiamos en mayor o menor medida. Yo me refiero a cambios sustanciales; a que antes eras de una manera, y ahora eres de otra.  

He llegado a la conclusión de que la forma de pensar, esa especie de plano por el que nos guiamos, se va formando desde pequeños y se termina de dibujar en la adolescencia. Después, en la mayoría de los casos, poco se puede hacer. ¿Qué piensas tú?

Esto no quiere decir que no podamos cambiar. Se puede lograr con esfuerzo consciente y constante. Además, hay impactos de magnitud, que propician un cambio, como un accidente, una enfermedad, la pérdida de un familiar…etc. Son este tipo de eventos que nos cambian la vida. Ahora bien, sin esfuerzo ni impactos, poco más…

¿Por qué es tan complicado cambiar de forma de ser? Podríamos culpar a factores genéticos, al sistema educativo, al entorno, o a la crianza, a la famosa resistencia al cambio, pero creo que parte del problema está en nuestro ego y en la presión externa.

El ego y los cambios de opinión

Piensa en la conversación del principio. ¿Cuál es la acusación que tumba tu explicación? «Pues tú dijiste». Si le das un par de vueltas, esto no es razón para validar un argumento. Es lo que se llama una «falacia». ¿Qué más da lo que dijiste o dejaste de decir? La cuestión es si tu explicación es lógica o no.

Vamos a ir un poco más allá. ¿Por qué esa persona usa la frase «pues tú dijiste»? Está claro… porque quiere llevar la razón. ¿Y por qué quiere llevar la razón? ¡Efectivamente! Nuestro amigo el ego.

En realidad, en una conversación entre dos personas que se quieren y se conocen a sí mismas lo suficiente, y que son capaces de entender que el otro puede tener opiniones distintas, y no pasa nada… En una conversación así, no hace falta contradecir. Simplemente, cada uno escucha con atención los argumentos del otro, intenta aprender algo de valor, y listo. Ni siquiera es necesario que siempre demos nuestra opinión sobre todo.

Además, en muchas ocasiones, nuestro ego nos impide el cambio. Tenemos una falsa impresión de que poseemos la verdad, y eso nos hace importantes; nos hace sentir seguros. Sin embargo, más de una vez estábamos equivocados. Quizá porque analizamos mal, porque no comprobamos lo suficiente, porque nos faltaban datos, o porque nos faltaban capacidades. Para reconocer que podemos mejorar y, por lo tanto, que antes éramos peores, es necesario tener una buena dosis de humildad.

El cambio molesta

Más allá del ego personal, pienso que el otro factor determinante que impide que muchos cambien, es la presión social.

Piensa, por ejemplo, en alguien a quien le gusta el fútbol. Durante un tiempo, era fiel a un equipo, pero de pronto, te lo encuentras, y ya no le gusta ese equipo, sino otro. ¿Qué le dirán sus amigos? (Y ya no te digo nada, si antes era del Madrid, y ahora es del Barça, o al revés)

Evidentemente, es muy bonito ser leal a unos valores, a personas, o a ideales. Pero si realmente te gusta el fútbol, sabrás valorar las virtudes de un equipo o de otro, y de un jugador o de otro, independientemente de qué equipo sean.

Me llama la atención que los seguidores sean tan leales a jugadores que, por dinero, cambian de equipo. No deja de ser una paradoja: el seguidor es más fiel que aquel a quien sigue.

Como digo, es respetable que seas leal a un equipo, porque te gusta su filosofía, porque tienes cierta cercanía, porque son de «tu tierra». Pero así como el gusto está justificado, el cambio también puede tener razones muy válidas. La filosofía del equipo no es la misma, ya no juega tan bien, sus jugadores o equipo directivo son distintos. Quizá, después de un tiempo de lealtad, alguien diga que ahora le gusta más otro equipo. También puede seguir apoyando al equipo, hasta económicamente, pero reconocer abiertamente que hay otros que juegan mejor, o que cierto partido no fue demasiado bueno. O puede gustarle más de un equipo… ¿por qué no?

La cuestión es. ¿Dónde está el problema en cambiar?

Y sin embargo, a aquel que cambia, se le estigmatiza. Es un «chaquetero», un «desleal», alguien poco confiable.

Hemos hablado de fútbol, pero lo mismo pasa con gustos culinarios, o con hobbies. Incluso hay quien se molesta si decimos algo que contradice lo que pensábamos antes. 

Así que, al final, presionamos al que cambia y se lo ponemos muy diífcil.

El cambio es el progreso

Y sin embargo, el cambio es progreso. No hay progreso sin cambio. En ocasiones, cuanto más rápido y radical sea, mejor. Como dicen los americanos: «equivócate pronto, rápido, y barato».

Dependiendo del caso, un cambio se hace traumático si lo alargamos o lo retrasamos. Y en entornos empresariales, no cambiar, cambiar a destiempo, o cambiar de forma muy lenta, supone pérdidas económicas brutales.

Esto no quiere decir que tengamos que cambiar porque sí, como si fuera una moda, pero si que podamos cambiar, que tengamos la capacidad de hacerlo cuando lo veamos necesario. 

Deberíamos ser capaces de girar 180º, a toda velocidad, si es necesario. Como un OVNI. Como esos objetos volantes que giran bruscamente con ángulos rectos, y que rompen las leyes de la física, y que, por lo tanto, se da por sentado que no son de fabricación humana.

Quizá por eso, cuando alguien cambia repentimanente, nos parece tan… extraño. 

¿Y tú? ¿Te atreves a cambiar?

Nuestra cabeza es redonda para permitir a nuestros pensamientos cambiar de dirección. Clic para tuitear

Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… ¡que lo pases muy bien!

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