Lucha entre empresa y trabajador

La mentalidad de «eso no es mío», y la organización personal

En las formaciones presenciales del curso C.A.R. que he realizado hasta ahora, una de las dudas recurrentes que se presentan, es cómo aplicar este método a un equipo de trabajo.

El problema al que se suelen enfrentar los responsables de un grupo de personas, es la famosa mentalidad de “esto no es mío”. Como los empleados no son los dueños de la empresa, y no se benefician de sus rendimientos de forma directa, piensan que no deben esforzarse.

Estoy convencido de que esta mentalidad no solo es perjudicial para el conjunto, sino también para la persona. Es una forma de pensar orientada a recibir, no a dar. A la larga, este tipo de planteamientos consigue que los resultados decrezcan, en vez de lo contrario.

Sí, claro que sí. Es cierto que la empresa no es del trabajador. Pero también lo es que, si el conjunto avanza, todos se benefician. Y al revés lo mismo. Si cada individuo progresa, esto beneficia a todos.

No es lo mismo trabajar en una empresa que ser el dueño de una empresa

Además, la gran diferencia entre un empleado y un dueño de una empresa, está en la exposición al riesgo. A un trabajador le pueden despedir, pero un propietario de una empresa puede perderlo todo.

Tampoco es la misma la responsabilidad de uno o de otro, ni el pago de impuestos, ni la formación necesaria, etc.

Teniendo en cuenta todo esto, los responsables de una empresa, suelen estar interesados en la productividad de los trabajadores. No es una cuestión de aprovecharse del empleado. Por lo menos, lo que yo me he encontrado hasta ahora.

De hecho, en una formación reciente, el gerente de una empresa de servicios me comentaba que estaría dispuesto a recortar horarios, siempre que se cumpliesen las tareas que creía necesarias para el buen funcionamiento.

Atrás quedaron los tiempos en los que un trabajador era valorado por la cantidad de horas cumplimentadas. Casi todo el mundo sabe que, pasado cierto tiempo, la persona no va a rendir mejor, sino al contrario. Algunos estudios indican que este tiempo está en torno a 6 horas al día.

Personalmente, creo que la tendencia será a que la cantidad de tiempo efectivo de un trabajador irá recortándose. ¿Por qué? No solo está la cuestión del avance de la inteligencia artificial y de la robótica, que reducirán la cantidad de tareas mecánicas, sino también el hecho de que, cada vez más, las tareas que se solicitan de un empleado son más creativas. Y es justo ahí, en el uso intensivo de nuestros recursos mentales, donde tenemos un problema de capacidad.

La cantidad de impactos diarios, la responsabilidad familiar aumentada, y el uso y mal uso de tecnologías, puede ir mermando nuestras facultades, si no bajamos el ritmo de trabajo o el tipo de trabajo.

¿Se puede aplicar un método de productividad personal a una empresa?

Y aquí viene la gran pregunta. Entonces… ¿cómo puedo aplicar este método de organización personal a la empresa? ¿Cómo puedo usarlo para un proyecto entre varias personas?

La respuesta rápida es: no se puede. ¿Por qué? Porque, como su propio nombre indica, es un sistema de organización personal.

De entrada, hay que diferenciar entre esferas de trabajo. Una cosa es cómo se organiza uno, cómo usa su tiempo de forma efectiva, y otra cosa muy distinta es cómo funciona una empresa y cómo elabora sus proyectos.

Además, cada persona es un mundo, y requiere de métodos diferentes. En el sistema C.A.R., una de las premisas es precisamente, la adaptabilidad. Y esto lleva a que una persona pueda usar el método con una libretita de papel, y otra con un gestor avanzado como Evernote. Obviamente, la compatibilidad a la hora de usar esto de forma compartida es escasa.

Y así debe ser. El objetivo no es usar un método común, sino un método que potencie el uso efectivo del tiempo de CADA persona.

Luego cada empresa verá cómo realizar un proyecto, qué sistema de comunicación interna va a implementar, o qué aplicaciones necesitan para sus tareas diarias.

Busca el bien personal y lograrás el bien colectivo

Quizá el planteamiento sea la cuestión. La pregunta no es cómo puedo hacer que mis trabajadores usen este método para mejorar la empresa. La pregunta es cómo puedo hacer para que mis trabajadores usen un método para organizarse ellos. Si conseguimos esto, de forma indirecta, habremos logrado que cada individuo haya mejorado. Y, como decíamos antes, esto resultará en la mejora del conjunto.

Si yo estoy bien, todo el mundo está bien.

¿Y cómo conseguir que un grupo de personas quieran organizarse?

Esto es un poco como la anécdota del sol y el viento. Se cuenta que ambos se retaron para ver quién era capaz de quitarle un abrigo a un humano. El viento sopló y sopló, cada vez con más fuerza, pero el hombre se aferraba a su abrigo. Entonces llegó el turno del sol, y simplemente, calentó el ambiente. Poco a poco, el hombre se relajó, y finalmente, él solito se quitó el abrigo.

De lo que hay que convencer a la gente es que, si usan un sistema de productividad, les va a ir mejor, ¡seguro!

Puedes regalarles un curso, por supuesto. Puedes obligarles a hacerlo, también. Pero lo mejor que puedes hacer es dar el ejemplo. Demostrarles que se puede ser mucho más efectivo haciendo menos, y logrando más.

Si eres jefe, véte antes a tu casa, llega más tarde, gestiona mejor. Que se note que lo llevas bien en tu sonrisa. Cuenta con los colaboradores más fieles que tengas, y háblales de tu método. Explícales cómo lo haces. Ofrece el curso de forma voluntaria, y poco a poco, el sol irá calentando, ya verás.

Lo mismo si eres empleado. Que se note que te organizas y que eso te ayuda a mejorar día a día. Que todo el mundo sepa que tú… tú tienes un método.

Evidentemente, si tienes suficiente autoridad, puedes decidir prescindir de aquellos que tienen esa mentalidad de “esto no es mío”, haciendo real su forma de pensar. Creo que es mucho mejor que cada persona decida por sí misma que quiere mejorar su organización.

Sea como sea, al final, la efectividad nace y crece en una persona. Así que da igual si eres empleado o dueño de una empresa. La cuestión es que nadie vendrá a ser más efectivo por ti. Y por eso, la efectividad es, sobre todo, personal.

La efectividad nace y crece en las personas. Eres tú y solo tú quien puede lograr hacer más con menos. Nadie será efectivo por ti. Por eso la efectividad… es personal. – EfectiVida Clic para tuitear

Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… ¡que lo pases muy bien!

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