La bendita ignorancia de los bebés

Los bebés no son ignorantes

Cuando hablamos de alguien ignorante, solemos pensar en una persona que tiene poca inteligencia o que carece de información.

La definición estándar de ignorancia es “Falta general de instrucción o de conocimientos“.

En muchas ocasiones se usa esta palabra de forma despectiva. “¡¡Eres un ignorante!!”

Ahora piensa, por favor, en un bebé. Lo cierto es que sus facultades mentales están en desarrollo, y además, tiene muy poca información en su pequeño cerebrito. Parece que la definición de ignorancia le encaja perfectamente. Y, sin embargo, a nadie se le ocurriría decir que un bebé es un ignorante.

En realidad, como ya explicaba Platón, la ignorancia no es carencia de información. En realidad, eso no es un problema, como veremos después. La ignorancia es tener información incorrecta, sobre todo, con la connotación de no querer mejorar la calidad de la misma.

En la práctica, un ignorante es alguien que sabe, pero que sabe mal, y que, para colmo, piensa que sabe bien. Ignora lo correcto, y por eso es un ignorante. Ignora de forma pasiva, porque no conoce los datos correctos. Y además ignora de forma activa, porque como cree que sabe, no quiere conocer nada más.

La mesa del ignorante

Solucionar el problema del ignorante es muy complicado. Se podría comparar a una mesa con 4 patas. ¿Qué ocurre si le rompes las 4 patas? Pues que la mesa se cae al suelo y se rompe.

Lo mismo con los ignorantes. En realidad, podrías romperle sus patas (sus creencias) con argumentos lógicos, y hasta humillarles dejándoles sin salida, pero eso sería una agresión. Su forma de vida, sustentada durante años en conocimientos muy básicos, se desplomaría. Y como el ignorante, en el fondo lo sabe, va a luchar con todas sus fuerzas para que no le rompas las patas.

Una forma de ayudar a un ignorante es romperle solo una pata. La mesa sigue en pie, y el ignorante no tiene más remedio que sustituir la pata.

Esta solución sigue siendo una agresión. Y además, no asegura el éxito, ya que, el ignorante, haciendo honor a su nombre, como no sabe que hay patas mejores, y tiene miedo a cambiar, puede intentar arreglar la mesa con un remiendo, o sustituir la pata por una igual, o hasta peor.

Otra manera de ayudar, mucho menos agresiva, es enseñarle que existen patas mejores. Con suerte, el ignorante verá que no tiene las mejores patas, y, él mismo, con cuidado, y poco a poco, sustituirá las suyas.

Por eso, la conclusión, una vez más, es que no merece la pena, ni es efectivo, intentar discutir con alguien que no sabe de un asunto en concreto. Es como si un cirujano especializado discutiera sobre cómo realizar su próxima intervención con uno de los operarios de mantenimiento. No es que el cirujano sea más inteligente que el operario. Sencillamente, no hablan el mismo idioma.

Somos mucho más que una mesa de 4 patas

Y esto nos lleva a otra conclusión interesante. Las personas, aunque se pueden comparar a una mesa con 4 patas, son mucho más que eso. Son enooormes mesas, con muchas patas, de muchos tipos.

Desde pequeños, se les va colocando patas mediante la educación de los padres, el entorno, y la educación formal.

El problema es que, a la mayoría de las personas, no se les enseña que pueden cambiar esas patas, según la necesidad.

¿Resultado? Se convierten en unos… ignorantes, sin capacidad de mejora.

En algunos casos, un accidente grave, una enfermedad, u otras situaciones similares a terremotos, les rompen muchas de las patas de su enorme mesa. Y entonces, no les queda más remedio que fabricar otras. Y entonces, comprenden, por primera vez en su vida, que eran unos ignorantes.

En comparación con los ignorantes, los bebés están en mejor posición, pues ellos todavía no tienen datos. Tienen por delante la oportunidad de aprender correctamente. Y por eso, a nadie se le pasa por la cabeza reirse de un bebé e insultarle llamándole ignorante.

Y aquí viene la gran paradoja del ignorante. El que sabe que es un ignorante, es, en realidad, mucho más sabio que el que cree que sabe.

¿Qué te parece? ¿Estás dispuesto tú a cambiarle patas a tu mesa?

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