Es increíble lo poco que conocemos nuestro cuerpo y sus enormes capacidades y posibilidades. Una de las cosas que más me llamó la atención aprender, es la bidireccionalidad entre cuerpo y mente.

Es de sobra conocido que nuestro cuerpo refleja lo que pensamos. Pero no lo es tanto que nuestro cerebro también refleja lo que hace el cuerpo.

En el libro Inteligencia emocional, de Daniel Goleman, se explica que, si haces conscientemente un gesto con el rostro, tu cerebro recibirá una especie de orden de sentirse de forma correspondiente a ese gesto.

De ahí que sonreír todas las mañanas, aunque sea sin ganas, aumenta la sensación de bienestar.

Recientemente descubrí otro truco relacionado con la lengua. Resulta que, inconscientemente, mientras pensamos, la lengua hace micro-movimientos. Es algo parecido a la sub-vocalización que sucede al leer. Hasta aquí, todo lógico: el cuerpo sigue a la mente. La lengua no hace sino reflejar lo que la mente dice.

Pero… ¿qué sucede si, de pronto, en medio de una discusión, movemos la lengua y la situamos tocando el paladar superior, justo detrás de los dientes, y la mantenemos ahí quieta? ¡Sorpresa! Lo más normal es que nuestra mente deje de pensar y se concentre en que la lengua se quede en esa posición.

¿No te recuerda esto a la expresión “morderse la lengua”?

Algunas webs también dicen que este movimiento de la lengua ayuda a dormirse más rápido, y en otras, que es imposible llorar si mantienes la lengua tocando el paladar. (No lo he podido comprobar, la verdad, pero me suena lógico)

Sea como sea, ¡qué fascinante es nuestro cuerpo y nuestra mente! ¡Y cuánto nos queda por aprender!

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Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… (virtualmente)… ¡que lo pases muy bien!


Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. (Sí! El paraíso!) Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría ser efectivos si no nos hace más felices?

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