Hay cosas que no pueden ir juntas, como el agua y el aceite, como estornudar y respirar.

Una de esas acciones incompatibles es hacer y pensar. Dice cierta frase:

Otra pareja que no se lleva es la formada por pensar y hablar. Los que hablan mucho, piensan poco (carreta que mucho ruido hace, poca carga lleva). Aquí, en Canarias, les dicen “mosquitas muertas”. Pero hay otra frase que lo refleja de forma más ilustre:

“Temed al hombre silencioso, pues cuando otros hablan, él observa. Cuando otros actúan, él maquina, y cuando los otros por fin descansan, él golpea”.

No sé si será para tanto, pero lo cierto es que, en el mejor de los casos, hablar requiere pensar en lo que se habla, y por lo tanto, se tiene menos tiempo para pensar en otros temas.

Al contrario también sucede: el que poco habla, mucho piensa. Y vale más un hombre por lo que calla que por lo que dice. También puede suceder que no hable por no tener nada que decir, pero es que, hasta un tonto pasa por listo, si mantiene la boca cerrada.

Por último, tenemos otra combinación enemiga: hablar y hacer. En muchos casos, las palabras se las lleva el viento. Perro ladrador, poco mordedor, dice otro dicho.

Aunque a veces puede ser positivo compartir nuestros objetivos para aumentar el compromiso personal, en la mayoría de las ocasiones, valen más los hechos, que las promesas, y de nuevo, vale más un hombre por lo que hace, que por lo que dice.

Así que tenemos 3 actores que no pueden salir en la misma película: hacer, hablar, y pensar. ¿Cómo solucionamos el embrollo? ¿Cómo podemos aumentar nuestra efectividad en este ámbito tan importante de la vida?

Momento presente

El autoconocimiento, el desarrollo personal, el aprendizaje correcto, saber escuchar (el cuarto en discordia)… Podríamos mencionar muchas cosas que nos ayudarían a saber cuándo hablar, cuándo pensar, y cuándo hacer.

Pero hay algo que, en este mundo veloz, resulta vital: estar. Sí, estar en el momento presente. Seamos conscientes de lo que hacemos; hagámoslo con pausa. Disfrutemos del momento.

¿Que toca hacer? Hagamos. ¿Que hay que parar y reflexionar? Paremos. ¿Que es el momento de hablar? Digamos lo que tengamos que decir.

¡Cuantas veces pensamos, hacemos o hablamos cuando no toca! Por eso, si tan solo en el día de hoy, nos esforzamos por observarnos, y decidimos conscientemente qué acción llevaremos a cabo… esto, nos servirá como ejercicio mental. ¿Qué tal si lo probamos?

Hablar, pensar y hacer son como las piezas de un puzzle. Para que se forme un paisaje, cada una debe ir en su lugar. – EfectiVida Clic para tuitear

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Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… (virtualmente)… ¡que lo pases muy bien!


Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado; tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria, España. (Sí! El paraíso!) Desde muy chico, ya me atraía la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, automatizando tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Estoy convencido de que la efectividad y la productividad personal son fundamentales, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida. Porque, ¿de qué serviría ser efectivos si no nos hace más felices?

2 commentarios

Manuel León López · 27/01/2020 a las 10:45 am

Hablar no es algo distinto a pensar. Hablar es la externalizacion a través del lenguaje de nuestro pensar. Antes de hacer, ya hemos pensado en eso que estamos haciendo, por lo que pensar y hacer, están imbricados. La cuestión estaría no tanto en tomarlos de forma aislada, sino en ¿cómo yo los conjunto?, ¿cómo hago el pensar?, ¿cómo hago el hacer? y seguirle la pista al proceso.

    Jaír Amores · 27/01/2020 a las 4:51 pm

    Gracias Manuel por compartir tu opinión sobre el tema. Hablar, como bien dices, debería ser la externalización del pensamiento. El problema, muchas veces, es que se dice lo que no se piensa. Y cuando hablamos aquí de lo «que no se piensa», es un pensar general. Es decir, tenemos una opinión formada sobre algo, pero no la expresamos. Por eso está muy bien plantearse preguntas como las que mencionas al final.
    Un saludo Manuel!

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