Glosario diccionario efectividad

Glosario de términos relacionados con la efectividad, la productividad y el desarrollo personal

En este glosario encontrarás las definiciones de términos relacionados con la efectividad, la productividad y el desarrollo personal. La idea no es dar definiciones tipo diccionario, sino más bien, relacionar las diferentes palabras entre sí, viendo sus diferencias y matices.

De hecho, el orden no es alfabético, sino lógico. Cada término se entiende mejor gracias a comprender los anteriores. En algunos casos, el significado de una palabra complementa a la anterior.

*Tienes disponible un índice alfabético al final del glosario.

Por otro lado, no son definiciones estándar, ni copiadas de ningún otro sitio. Las explicaciones de los diferentes términos se entienden, siempre desde el punto de vista de la efectividad y el desarrollo personal.

Además, creo que, por mucho que se defina una palabra, es la aplicación práctica de lo que envuelve, lo que da el significado. Es por eso que lo que una palabra significa para ti, puede ser ligeramente distinto para mí. Y esto no es malo. Al contrario, añade perspectiva.

En este glosario, seguramente podrás apreciar que algunos significados son un tanto personales, basados en la experiencia que he ido adquiriendo sobre técnicas de productividad.

En la mayoría de las definiciones encontrarás enlaces a artículos más amplios que hablan sobre ese término en concreto. Te animo a echarles un vistazo si quieres ampliar la información.

Espero que te sea útil, y que te ayude a ver a qué campos puedes dedicar más atención. ¡Vamos a ello!

Conocimiento

El conocimiento es, básicamente, los datos que se obtienen gracias al estudio, la observación o la experiencia.

Hay conocimiento verdadero, y conocimiento falso.

Además, aunque un ordenador o un robot pueden acumular datos, el conocimiento es algo más profundo, ya que los datos se pueden insertar, mientras que el matiz en el conocimiento es que se adquiere.

Discernimiento

El discernimiento implica distinguir entre varias cosas, señalando las diferencias. Para ello, obviamente, hay que tener un conocimiento amplio sobre un área específica.

Perspicacia

La perspicacia es la capacidad de ver lo que no es obvio, lo que se esconde entre líneas. La persona perspicaz usa su intuición para percibir más allá de las apariencias.

Entendimiento

Entender es más que conocer. Exige una comprensión pormenorizada y global. Uno puede conocer que existe un idioma, pero otra cosa distinta es entenderlo.

La definición de la RAE para esta palabra es muy bonita: «Potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce.»

Si te fijas, el entendimiento conlleva conocer, discernir y ser perspicaz.

Sabiduría

Llegamos a una palabra muy potente. Aunque se suele usar el verbo «saber» como sinónimo de conocer, en realidad la sabiduría es la capacidad de poner en práctica con éxito todo lo definido anteriormente: conocimiento, discernimiento, perspicacia, entendimiento…

La persona sabia usa todo el potencial que le da su mente para transformar datos en acciones de éxito.

Nuevamente, la RAE da una definición interesante: «Grado más alto de conocimiento».

Eficacia

Eficacia consiste en lograr resultados. La pregunta que hay que hacerse es qué quiero lograr. Si lo consigo, seré eficaz. Se aumenta en eficacia cuando se logra tener más resultados.

Eficiencia

A diferencia de eficacia, eficiencia se centra en el gasto de recursos. Se puede ser muy eficaz, pero gastar muchos recursos, como el tiempo, dinero o materias primas. Somos eficientes cuando logramos objetivos, pero, al mínimo coste.

Efectividad

La efectividad es la mezcla ideal entre eficacia y eficiencia. Normalmente, a mayor eficacia, menor eficiencia, y al revés. La efectividad consiste en obtener resultados buscando el equilibrio entre la eficacia y la eficiencia. Este término medio hace que la efectividad sea un concepto tan potente.

En la mayoría de ocasiones, se puede mejorar la efectividad, pero, para lograrlo, debemos analizar y probar variaciones en lo eficaces o eficientes que somos.

Cuando hablamos de «efectividad personal» nos referimos al conjunto de técnicas que mejoran la efectividad en una persona, logrando resultados, con poco esfuerzo o gasto.

Productividad

Para muchas personas, productividad es efectividad. Se suelen confundir los términos. Sin embargo, productividad solamente se refiere al hecho de lograr algo con tus esfuerzos. Implica medir resultados. Dependiendo de esas métricas, se te considera más o menos productivo.

Personalmente, no me gusta la palabra productividad. Ni siquiera cuando se usa la expresión «productividad personal». Al final, hace que el valor de alguien sea medible por un dato. Pero esto suele ser muy injusto. Además, una persona o un grupo de trabajo puede ser muy productivo, pero poco eficiente, y, por lo tanto, también poco efectivo.

Por otro lado, a diferencia de la productividad, la efectividad no implica un resultado tangible. Se puede ser efectivo en campos difíciles de medir o cuantificar, como el amor, las relaciones personales, o el tiempo de ocio.

Desarrollo personal

El desarrollo personal es el proceso según cual, una persona consigue avanzar en diferentes campos de su vida. Es una expresión muy amplia, y que abarca, a su vez, un montón de sub-conceptos, como los que veremos a continuación. Las personas que se preocupan por su desarrollo personal avanzan y progresan en la vida, obviamente, con la intención de ser mejores.

Aprendizaje continuo

El aprendizaje continuo está ligado al desarrollo personal. Diríamos que el desarrollo es el resultado, mientras que el aprendizaje es la causa. No hay desarrollo sin aprendizaje, y, por lo tanto, si hacemos de aprender un hábito, si nos formamos en los campos en los que tenemos carencias, nuestro desarrollo como seres humanos seguirá aumentando.

Mejora continua

La mejora continua se refiere a un proceso constante de mejoría. También debería estar causado por un correcto aprendizaje continuo, pero, en este caso, tiene en cuenta un resultado positivo: se es un poco mejor que ayer, y eso sucede constantemente.

Aunque son términos muy parecidos, el desarrollo personal es bastante más abarcador que la mejora continua. En la práctica, no todos los días podemos ser mejores que ayer. Hay días malos, o hasta rachas negativas, pero eso forma parte del desarrollo personal, y sirven para, en un futuro, poder mejorar.

La mejora continua es un buen objetivo, que se suele dar en periodos largos cuando la persona ya ha tenido un recorrido anterior. Sin embargo, hay que tener cuidado con obsesionarse o ponerse metas poco realistas.

Tiempo

El tiempo es uno de los conceptos más complicados de definir, pues escapa a la comprensión humana. Sabemos que el tiempo es medible, pero no controlable. No se para ni vuelve hacia atrás.

Para mí, el tiempo es el movimiento atómico. Teniendo en cuenta que este movimiento suele ser considerado una de las formas más exactas para medir el tiempo, tiene sentido. Además, según experimentos en laboratorio, a la temperatura de cero absoluto (-273,15º), los átomos se paran, provocando que nada se mueva ni se desgaste. Dicho de otra manera, el tiempo dejaría de fluir.

Gestión del tiempo

Esta expresión, en realidad, es incorrecta. El tiempo no se puede gestionar. El tiempo, simplemente, transcurre. Lo que podemos gestionar es nuestra atención, o decidir qué queremos hacer en determinado momento del tiempo.

Otras expresiones erróneas son «no tengo tiempo», «me falta tiempo», o «se me ha ido el tiempo».

La expresión «gestión del tiempo» está ligada al uso de técnicas de productividad que hacen que logremos más cosas en menos tiempo, así como a la correcta medición del tiempo que dura una actividad y a la organización de nuestros objetivos de realización de tareas en un momento concreto de un día en específico. Envuelve el uso de agendas, sean físicas o electrónicas, recordatorios, o listas de tareas, para lograr hacer lo que nos hemos propuesto en el tiempo que deseábamos.

Dese mi punto de vista, una buena gestión del tiempo implica un sistema de organización personal que no dependa de listas de tareas, y que maneje un calendario digital.

Precio

El precio es la cantidad expresada en una divisa (euros, dólares, libras…) que hay que pagar para comprarlo. En un sentido metafórico, se puede usar precio como coste, aunque, desde el punto de vista del productor o fabricante, son cosas muy distintas. El precio sería lo que un cliente debe pagar, mientras que el coste es lo que hace falta para producirlo. Lo ideal sería que el coste fuese menor al precio.

Coste

El coste de algo es lo que nos cuesta conseguirlo. Para esto, es necesario calcular no solo la parte económica, sino el tiempo que hay que invertir, o el esfuerzo necesario. Podríamos decir que el coste es el sacrificio personal para conseguir algo. Como vimos antes, para el que fabrica algo, el coste es lo que le supone en términos económicos o de materia prima.

Relacionado con el uso del tiempo, es muy útil saber cuánto tiempo nos ha costado comprar algo, y no solo hacer cálculos en términos monetarios.

Valor

El valor es la parte emocional o sentimental que le atribuimos a algo que hemos adquirido. Así, un objeto barato o incluso regalado, puede tener un valor muy alto, o al revés. El valor, el coste y el precio pueden ser muy distintos para un mismo objeto, e incluso pueden sufrir variaciones dependiendo de la óptica desde la cual se mire. Además, el coste y el precio son más absolutos, mientras que el valor es bastante subjetivo, y puede variar con el tiempo.

Optimización

La optimización y la efectividad son términos afines. Dicho de forma muy simple, y sin entrar en detalles, lo óptimo es el punto máximo de efectividad. De hecho, una expresión incorrecta es «sobreoptimizar», ya que, una vez logrado ese punto ideal, ya no se puede mejorar más.

Aunque en la práctica podemos considerar que algo es óptimo, por concepto, llegar al punto óptimo es imposible. Por eso solemos hablar de optimizar. Para ser más efectivos, debemos optimizar, ya sea centrándonos en mejorar los resultados, o en recortar gastos. Por eso, una correcta optimización debe dar como resultado efectividad.

Simplificación

A diferencia de la optimización, simplificar busca como objetivo reducir lo superfluo, lo innecesario para conseguir algo. Cuando optimizamos, buscamos la excelencia, y esta no siempre tiene que ser simple. Cuando simplificamos, intentamos que algo se reduzca, sin perder su eficacia. En muchos casos, un proceso se ha podido complicar demasiado, y eso ha producido que ya no sea tan efectivo.

La simplificación puede llevar a la optimización y a la efectividad, pero no siempre. En ocasiones, hay que añadir pasos a un proceso para que sea mejor, y por lo tanto, hay que hacer lo contrario a simplificar.

Minimalismo

Otro concepto relacionado con la efectividad, y con la optimización es el minimalismo. Más que una palabra, el minimalismo es una forma de vida. Va más allá de la simplificación. Se trata de reducir, aunque con ello también se reduzcan los resultados.

Diríamos que el minimalismo se centra en la cantidad y en las sensaciones, mientras que la efectividad se centra en los resultados.

De cara a la vida, a la «gestión del tiempo» y al desarrollo personal, el minimalismo logra que tengamos menor carga cognitiva, al tener menos objetos que comprar, que usar, mantener, reparar, aprender a usar, conservar o retirar.

Aunque el minimalismo se centra en la eficiencia, en realidad, de forma indirecta, nos permite tener mayores y mejores resultados, ya que nos deja tiempo para las cosas realmente importantes.

Orden

Ordenar implica establecer una secuencia lógica para colocar algo, dentro de un mismo espacio, ya sea virtual o físico. Se puede ordenar una estantería de libros de mayor a menor grosor, o alfabéticamente, por ejemplo.

Organización

Aunque orden y organización se parecen mucho, hay diferencias importantes. Organización se refiere a la separación y colocación en diferentes lugares. Siguiendo el ejemplo anterior, los libros van en un estante, y no debajo de la cama. Ser organizado implica saber dónde va cada cosa.

Se puede ser organizado sin ser ordenado. Podríamos tener los libros en el estante, pero, desordenados. Lo contrario es más complicado, ya que, para poder establecer un criterio de orden, las cosas deben estar en un solo sitio. Aún así, también se puede dar el caso de que algo esté ordenado, pero mal organizado.

Tanto el orden como la organización ahorran tiempo, y por lo tanto, influyen en la efectividad, en particular, en el gasto de recursos, como es el tiempo. Por otro lado, un excesivo orden u organización puede dar lugar a un consumo de tiempo que no de resultados acorde al gasto efectuado. En estos casos, el orden y la organización habrían provocado que seamos poco efectivos.

Proceso

Un proceso es una lista de las diferentes acciones que hay que realizar, en el orden correcto, para conseguir un resultado.

Método

Un método es una forma de hacer las cosas con ciertas garantías de obtener un resultado. Es una especie de plano con una ruta, y con las paradas necesarias, para llegar a un sitio. Dentro de un método puede haber varios procesos diferentes.

Sistema

Sistema y método se parecen mucho, pero también hay algunos pequeños matices. El método es el plan, pero el sistema es el conjunto de recursos necesarios para lograr poner en marcha un método. Por ilustrarlo de forma sencilla, en tu ordenador tienes un sistema operativo, pero para sacarle partido, deberías tener un método de trabajo.

El método y los procesos no dependen del sistema, pero si tienes un buen método, con buenos procesos, basado todo esto en un buen sistema, esa combinación te hará ganar efectividad.

Estrategia

Nos encontramos con otro término casi paralelo a uno anterior: método. En este caso, la diferencia es que el método es la manera de hacer las cosas en determinado proceso. La estrategia es mucho más amplia. Abarca los principios, los «trucos» que usaremos para establecer métodos, y acciones simples. Una buena estrategia permitirá definir correctamente un método efectivo.

Criterio

Criterio es una norma o regla por la cual se establece un método, o se toma una decisión. Podríamos decir que el criterio son las razones por las cuales tomamos una u otra estrategia. Por supuesto, un criterio basado en principios morales coherentes y definidos consigue que tanto nuestras estrategias como nuestras decisiones sean consecuentes con nuestros valores.

Plan (planificación)

Seguimos en la misma línea de idea que las anteriores palabras, y llegamos a un plan. Un plan envuelve qué sistemas usaremos, qué métodos y cuál será la estrategia. Para elaborar un buen plan, es importante contar con buenos criterios.

Proyecto

A diferencia del plan, que nos dice cómo lograr algo, el proyecto nos dice qué queremos lograr. Con esta definición abarcamos varias de las anteriores, y cerramos una temática. El proyecto incluye el plan que tomaremos para lograr un objetivo. Dentro de un proyecto puede haber varios planes, como el famoso «plan de emergencia» o «plan b». Además, se puede abandonar el plan y sustituirse por otro, sin abandonar el proyecto en su conjunto.

Deseo

Un deseo es el interés de una persona por realizar algo. No hay definición, ni planes ni proyectos. Simplemente es un sueño, algo que nos apetece lograr. Incluso hay quien dice que un sueño es un deseo sin fecha en el calendario.

Meta

Una meta es un lugar, físico o figurativo, a donde queremos llegar. No tiene que ser el fin. Puede ser una meta temporal, o intermedia. También podemos tener varias metas al mismo tiempo.

Objetivo

Aunque puede haber algunos matices, un objetivo es lo mismo que una meta o que un fin. Quizá la palabra objetivo obligue a definir más nuestra meta, añadiendo datos concretos. En la práctica, creo que ambas palabras, objetivo y meta, se pueden usar indistintamente.

Fin

Tener un fin es lo mismo que tener una meta u objetivo final. Como su significado original dice, un fin es cuando ya no hay nada después. Un fin puede tener varias metas.

En la práctica, se usa la expresión «tener un fin en la vida», con el mismo significado que «tener un propósito», aunque veremos que aquí sí hay diferencias.

Propósito

El fin es lo que queremos lograr. Como vimos antes, a diferencia de una meta, el fin es único y para toda la vida. Es eso que queremos lograr al máximo, y por encima de todo lo demás. Sin embargo, el propósito es el por qué queremos lograr eso. Tener un propósito es superior a tener un fin. De entrada, si solo tienes un fin, cuando lo logres, habrás terminado. Pero si tienes un propósito, no hay límite de tiempo. Además, puedes estar logrando un propósito en la vida, y seguir con ganas de lograr más, en la misma línea de trabajo.

Prioridad

Una prioridad es lo que nosotros consideramos que va primero. Para lograr nuestro propósito, debemos establecer prioridades. En la vida, no se puede abarcar todo, y por lo tanto, es imprescindible establecer qué es más importante.

Se pueden tener prioridades globales, o prioridades más específicas, como por ejemplo, dentro de un proyecto.

Principios

Los principios son como el faro que nos indica el camino. Son nuestros valores personales, nuestras normas morales que queremos mantener. En relación a las prioridades, los principios explican por qué algo debe ir primero. Así que no se trata solo de conseguir una meta, un fin, o un propósito, sino que para ello, no rompamos nuestros principios.

Resiliencia

La resiliencia es la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias, en particular, a las más difíciles. La resiliencia es una cualidad esencial dentro del desarrollo personal, y es lo que nos va a permitir cambiar lo necesario para seguir adelante con nuestros proyectos, metas, cumpliendo nuestras prioridades y siendo consecuentes con nuestros principios.

Sin resiliencia, todo lo anterior valdría para poco, pues lo único constante es el cambio.

Método de organización personal

Llegamos a la cúspide de todos estos términos: el método de organización personal. También se suelen usar expresiones similares, como «sistema de organización personal», «método de productividad personal», o «método de efectividad personal».

Un buen método de organización personal debe abarcar todo lo anterior. No se trata simplemente de ordenar la vida, o de organizarnos mejor. Tampoco es cuestión de elaborar procesos, poner en marcha procesos, o usar sistemas avanzados. Y ni mucho menos es tan simple como elaborar unas cuantas listas de tareas.

Un método de organización personal debe tener en cuenta las prioridades de cada persona. También tiene que permitir la adaptación, no solo a las diferencias que una persona tiene con relación a otra, sino la adaptación al entorno, a las circunstancias, y a los cambios.

Para que un método de organización personal funcione, debe ser capaz de aumentar tu desarrollo personal, haciéndote más efectivo. También debe incluir proyectos, sin perder de vista las prioridades.

Un buen método de organización personal debería ayudarte a lograr tu propósito en la vida.


Después de analizar todos estos términos y conceptos, entenderás por qué pienso que el método C.A.R. es tan potente. Una de las razones es que he intentado tener en cuenta todo lo anterior. El método es simple, pero funcional. Elimina lo innecesario, se adapta, y te permite plasmar y hacer realidad tus metas, proyectos y propósitos, sin depender de procesos tediosos o de sistemas complejos.

¿Hay alguna palabra que me haya faltado? ¿Entiendes tú de manera distinta alguno de los términos? ¿Por qué no lo dices en los comentarios para provecho de todos?


ÍNDICE ALFABÉTICO:

Comparte tu opinión