Entra uno, salen cuatro

Entra uno, salen cuatro

Las matemáticas no son perfectas. A veces, fallan.

Un caso es una operación sencilla que aprendí cuando me interesé sobre el minimalismo. La idea es limitar la cantidad de objetos que posees.

Para ello, simplemente puedes decidir desprenderte de un objeto cada vez que adquieras uno. Entra uno, sale uno.

Otra regla similar, pero más extrema: Cada vez que adquieras un objeto, deshazte de cuatro.

Un ejemplo. Te compras una camisa, pues elije cuatro para tirar, revender o regalar.

A simple vista, las matemáticas no fallan. Si entra un objeto, y salen cuatro, llegará el momento en el que te quedes sin ninguno.

Sin embargo, conozco a muy poquita gente que carezca de objetos, por no decir que no conozco a nadie. De hecho, conozco a muy pocos que tengan cada vez menos. La mayoría, tienen más y más.

No hablamos de grandes cosas, sino de objetos, sean estos un folio, o un auto.

En nuestro caso, como familia, llevamos tiempo buscando ser más minimalistas. Hemos aplicado la regla de “uno por uno”, o la de “entra uno, salen cuatro” en más de una ocasión.

Aún así, me sigue sorprendiendo la cantidad de objetos que tenemos. Hace poco, hice una limpieza de un armario pequeño, un aparador con 3 cajones y dos puertas. ¡Increíble la cantidad de cosas que se tiraron!

Evidentemente, las matemáticas no son perfectas, pero en este caso, no fallan; quienes fallamos somos nosotros.

5 ideas para eliminar objetos innecesarios de nuestra vida

¿Cómo solucionar este exceso? Veamos 5 ideas:

En primer lugar, debemos ser conscientes de la cantidad de recursos que nos roban los objetos. Debemos adquirirlos, a veces gastando nuestro dinero, que a su vez nos ha costado tiempo y esfuerzo. Debemos transportarlos, guardarlos, limpiarlos, aprender a usarlos, mantenerlos, repararlos, y finalmente desecharlos. Cada objeto, por pequeño que sea, influye en nuestra efectividad. ¿De verdad necesitamos ese objeto?

En segundo lugar, es necesario programar limpiezas periódicas. Siguiendo el esquema del método C.A.R., lo que haríamos sería programar un bloque periódico de limpieza general, o varios, diferenciando estancias, por ejemplo.

En tercer lugar, es bueno limitar la cantidad de espacio que reservamos para guardar objetos. Tener grandes armarios, vitrinas, baúles o aparadores, nos obliga inconscientemente a llenarlos.

En cuarto lugar, podemos limitar la cantidad de objetos. No hay que obsesionarse con esto, pero tampoco debemos ser demasiado flojos. Si ya tengo unas gafas de sol, y solo necesito unas, ¿para qué quiero otras? Si quiero unas nuevas, pues quito las viejas. Estas decisiones pueden incluso permitirnos mejorar la calidad de lo que tenemos.

En quinto lugar, hay que recordar que no se trata de tirar. El proceso de eliminación también tiene un coste, ya sea en tiempo, en emociones, o incluso en dinero. Existen muchas opciones, pasando por tirar a la basura, hasta montar un mercadillo en casa. La idea es que evitemos quitar por quitar. Hay que ser inteligentes y valorar cuál es la manera más efectiva de desprendernos de algo.


Tirando de nuevo de matemáticas, menos es más, y lo que no suma, resta.

Ya me contarás cómo te va a ti esta regla: entra uno, salen cuatro.

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