Antes de hablarte de la ventana de Johari, déjame citarte un proverbio árabe. Dice algo así: “Si alguien te dice que te pareces a un camello, no hagas caso, si te lo dicen dos personas, no hagas caso. Si te lo dicen tres, vete corriendo a mirarte a un espejo”.

Lo cierto es que el conocimiento de uno mismo o auto-conocimiento es un arte. La mayoría de las relaciones inter-personales (entre personas) dependerán en buena medida de si nos conocemos a nosotros mismos o no. Además, conocerse a sí mismo es parte fundamental de la inteligencia emocional, y es vital para poder desarrollarse y avanzar, para tener motivación, y evitar la ansiedad y la depresión.

Para tener una forma sencilla de entender todo esto, se creó un test psicológico en forma de cuadrante llamado “la ventana de Johari”. ¿Te gustaría saber qué es y cómo usarlo de forma efectiva?

Si lo prefieres, también puedes escuchar una explicación del artículo:

Conocerse a sí mismo: una verdadera aventura

Ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón

Julien Green

No es fácil conocerse a sí mismo. Hacer un ejercicio de introspección, reflexionar en quién es uno, es complicado. Muchas veces confundimos lo que hacemos con quiénes somos. En otras ocasiones, no nos dejamos conocer, consciente o inconscientemente. 

Mirarse al espejo no es tan sencillo
Mirarse al espejo no es tan sencillo


La ventana de Johari

Para solucionar todo este embrollo, dos psicólogos, Joseph Luft y Harry Ingham desarrollaron en 1955 un test llamado “la ventana de Johari”.  El nombre sale de parte de sus nombres: Jo de Joseph, Har (de Harry) y la I de (Ingham), si no me he equivocado. 

Como vemos en la imagen, el cuadrante tiene dos ejes. El eje horizontal es lo que conocemos de nosotros mismos, y el eje vertical, lo que los demás conocen de nosotros. 

Con estos dos ejes, se forman 4 cuadros o áreas. Vamos a verlas una a una, siguiendo el orden de las agujas del reloj:

1. Área pública

Es también llamada área libre o transparente. Son todas aquellas cosas, cualidades vivencias que conocemos bien, y que los que nos rodean también conocen de nosotros. Somos, como dice el dicho “un libro abierto“. En este área, la persona se conoce bien, tanto lo bueno, como lo no tan bueno.

2. Área ciega

En esta zona tu crees que te conoces, pero no es cierto. Al revés, los demás sí pueden percibir quién eres. Es el típico caso de aquel que se cree gracioso, pero no lo es. O piensa que es dadivoso, pero es más bien de los del puño cerrado. Quizá el problema está en que no quiere reconocer que es de cierta manera, no acepta los consejos, etc. 

Encaja muy bien en este área la frase atribuida al artista alemán Alberto Durero: “Algunos creen que conocen a todos, cuando en realidad no se conocen a sí mismos

3. Área desconocida

Podríamos calificarla como el área de la ignorancia, pero no en un sentido negativo. Al revés, creo personalmente que es el área más interesante. Lo que está en esta zona, no lo conocemos nosotros, y tampoco los demás. A veces, en situaciones extremas, una persona se transforma, y saca lo mejor de sí misma (o lo peor). También encontramos aquí el potencial oculto. Es en este área donde se da el progreso y el descubrimiento personal. 

4. Área oculta

Le dicen oculta o íntima, también cerrada. Tu te conoces perfectamente, pero no permites que los demás sepan de ti. Es lo que se suele llamar “secretista”. Igual es alguien poco accesible, o tiene mal carácter e impide que se acerquen a él. También le pudiera ocurrir a alguien que no sabe o no se puede comunicar con eficacia, y, por supuesto, a los tímidos e introvertidos. 

Y que no se nos olvide un grupo: los farsantes. Estos que van con una máscara para ocultar su identidad. Pues están en el área oculta la mayor parte de su tiempo. 

La ventana de Johari y la casa

Para facilitar guardar en la memoria este cuadrante, se podría comparar a una casa. Por cierto, hay algo interesante en esta casa. Tiene una medida estándar. Pongamos 100 m2. Siempre hay 4 habitaciones, no más. Pero las habitaciones pueden agrandarse o achicarse, siempre que la casa tenga el mismo tamaño. Es decir, si nos movemos más en el área libre, las demás áreas serán más pequeñas. 

Y ya que hablamos de una casa, pensando en qué habitaciones podrían asemejarse a los distintos cuadros, se me ocurrió lo siguiente: 

  1. Área pública: el hall o recibidor. Ese sitio donde permitimos que entren las visitas. No nos importan que lo vean. Incluso podría ser una pequeña terraza donde realizamos ciertas actividades, y que está a la vista incluso desde el exterior. 
  2. Área ciega: en mi caso es la cocina, sin duda. Y es que, no suelo entrar ahí. Por desgracia, no soy muy hábil en terrenos culinarios. Vamos… que no se ni freír un huevo. 
  3. Área desconocida: el trastero. Ni nos acordamos nosotros mismos de lo que hay ahí, ¡cuánto más lo van a conocer los demás!
  4. Área cerrada: esa habitación donde tenemos cosas confidenciales, quizá donde está la caja fuerte (los que la tengan), o ese archivador bajo llave.

Qué zonas de la “casa” de Johari son las ideales

Evidentemente, lo ideal sería que nos moviéramos siempre, o la mayor parte del tiempo, entre el cuadro 1 y el 3; área libre y área desconocida. Y de estas dos, la mejor es la primera. 

En la zona libre, interactuamos con los demás de forma fluida. No tenemos que hacer esfuerzos por caer bien. Sencillamente, los demás nos conocen tal y como somos. Me gusta mucho una frase que tengo en el decálogo personal: “Quiero aparentar lo que soy, y ser lo que aparento“.

En el área libre no nos tenemos que esforzar por aparentar (el famoso “postureo”). La persona honrada no necesita buena memoria, duerme bien, vive tranquila. Sin embargo, las personas de la zona cerrada, y que ocultan la verdad, suelen caer en el efecto “bola de nieve”. Una mentirilla lleva a la otra, y hay que cubrir esa con otra, y al final la bola se hace tan grande que nos engulle.

Empieza con una bola de nieve pequeña, y acaba...

Tampoco es muy positiva el área ciega. Aquí se da un problema, una disonancia o discordancia. Creemos ser de una manera, pero, al no ser cierto, no podemos ni siquiera mejorar. Como si esto fuera poco, importunamos a los demás, que sí saben cómo somos. Los problemas con el ego aumentan hasta que salimos del círculo, y probamos con otro, probablemente obteniendo el mismo resultado. 

Al mismo tiempo que intentamos estar en el área libre, podemos hacer incursiones en el área desconocida. Intentar romper nuestros límites, salir de la zona de confort y ejercitar la resiliencia. De esta forma, podremos desarrollarnos y crecer. 

¿Cómo saber en qué área nos movemos?

Decía Ken Blanchard que el “Feedback es el desayuno de los campeones”. El feedback, palabrita con difícil traducción al español, es algo así como tirarle una pelota a alguien y pedir que te la devuelva. Hacemos preguntas, y obtenemos resultados. 

En sesiones de coaching para empresas se suelen usar formularios que los compañeros tienen que rellenar, valorando nuestras cualidades. 

Claro, no vamos a hacer eso con un amigo, aunque tampoco debería ser tan extraño. Simplemente podemos anotar una lista de cualidades, e ir preguntando a nuestros compañeros de trabajo o de estudios, amigos y familiares qué opinan sobre nosotros en relación a algo en particular

Aquí te dejo un par de listas de cualidades positivas y negativas que pueden servir de referencia: 

Rasgos positivos de la personalidad (ventana de Johari)
Rasgos negativos de la personalidad (ventana de Johari)

También hay algunos tests y cuestionarios que te ayudan a dibujar tu propia ventana de Johari. Aquí te dejo un par de ejemplos: 

Test psicológico que adivina tu personalidad con dos sencillas preguntas

Cuestionario de la ventana de Johari

Encontré también una entrevista a Jorge Bucay en donde hace en directo un ejercicio con dos preguntas:

Por supuesto, para que el feedback funcione, hay que ser humilde y sincero. No vale decir como aquel que iba conduciendo y oyendo la radio: “Atención, en la autopista AP-230 hay un loco conduciendo en dirección contraria“. A lo que este señor exclamó: “¿Uno? ¡Hay montones!“. Como decíamos al principio, si varios te dicen que eres de cierta manera, igual tienen razón. 

Y, claro está, una vez obtenido el feedback, es necesario poner manos a la obra, e intentar mejorar

Esa es la idea de EfectiVida, mejorar en base a datos. De hecho, en la página de inicio tenemos una fórmula para saber nuestra efectividad

Otros usos de la ventana de Johari

Este cuadrante es, además de interesante, muy profundo. Una utilidad extra es analizar las relaciones con otros. Suponiendo una relación con otra persona, y multiplicando los 4 cuadros, tenemos 16 tipos de relaciones.

Un ejemplo sencillo: si nosotros somos de área ciega, pero el otro es de área oculta, se pueden dar situaciones curiosas. Nosotros queremos saber cómo es la otra persona, pero no se deja. Al mismo tiempo, esa persona nos conoce mejor que nosotros mismos. Es como una especie de juego.

Si queremos saber más sobre esto, este artículo lo explica más en profundidad: estilos y relaciones según la ventana de Johari.

“He llegado a una edad”

Como hemos visto, la ventana de Johari es muy sencilla, fácil de recordar, pero sobre todo tremendamente útil. Me gustó mucho una definición de una usuaria de Twitter: 

Yo la definiría como Conócete a ti mismo , haz que te conozcan los demás e intenta conocer a los que están a tu alrededor.— Sonrisa bonita❤ (@bichejaguapa) 24 de septiembre de 2018

Hablando de conocerse a sí mismo, el inspector Poirot, un personaje peculiar, decía algo así como:

He llegado una edad en la que se perfectamente lo que me gusta y lo que no. Aquello que me gusta, lo disfruto con intensidad, pero aquello que no me gusta, lo rechazo con todas mis fuerzas

En resumen, aparte de ahorrar tiempo, conocernos nos permite tomar decisiones, tener buenas relaciones, y progresar, pues no se puede avanzar si ni siquiera se sabe dónde está uno.

Pero claro, no hace falta llegar a esa edad, esa edad en que la propia experiencia nos dice quiénes somos y qué queremos. Gracias a ayudas como el cuadrante de Johari, podemos trabajar para conocernos a nosotros mismos desde ya.

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Me despido. Hasta que nos veamos de nuevo… (virtualmente)… ¡que lo pases muy bien!

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Categorías: Blog

4 commentarios

BIVIANA DEL CARMEN BARCASNEGRAS ACOSTA · 26/09/2018 a las 10:22 pm

Gracias!!

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