Una influencer

Lo que significa ser un verdadero influencer

¿Te gustaría ser un «influencer»? ¿Eres o te consideran ya como un influencer? ¿O sigues a alguno? Este es uno de los términos de moda en los últimos años, pero, ¿qué es ser de verdad un influencer?

Si nos vamos al significado estricto de la palabra, influenciar e influir son lo mismo, con variaciones técnicas en cuanto a si el verbo se usa como transitivo o intransitivo. Según la RAE, influir es, con respecto a las personas, ejercer predominio o fuerza moral. Otra definición es tener poder de modificar el comportamiento de otra persona.

En la práctica, influencer es aquel que es capaz de cambiar de opinión, no a una persona, sino a muchas, gracias a su poder de persuasión y a su alcance, normalmente, en redes sociales y otros medios masivos.

Se asocia al influencer con alguien que es capaz de que otros compren los productos que aconseja directa o disimuladamente. Pero también es un influencer aquel que hace que otros cambien de opinión, sin necesidad de que compren nada.

Evidentemente, conseguir que alguien se compre una camisa fea, cara, e incómoda tiene mérito, pero lograr que una persona cambie su forma de ser y logre mejorar parece un objetivo más noble, y más complejo.

¿Qué quiere un influencer?

En este artículo no me centraré en los influencers de moda que convencen a otros de comprar algo.

En algunos casos, las técnicas para conseguir vender suelen ser poco honradas y manipuladoras, ya que, por lógica, si ese producto que ofrecen es tan bueno, lo más probable es que no sea tan necesario manipular o forzar a nadie.

Obviamente, esto tiene otra cara. Aunque un producto sea muy bueno, dada la enorme competencia, es necesario hacer llegar al público objetivo las bondades del mismo.

De todas formas, como decía antes, no me centraré en este tema. Me interesa mucho más los influencers que buscan modificar el comportamiento de otros. Sobre todo, me gustaría enfocarme en el área del desarrollo personal.

Se da por descontado que alguien que habla de desarrollo personal tiene el sano objetivo de ayudar a otros a mejorar sus vidas. Para ello, enseña técnicas, trucos, sistemas… lo que sea que pueda funcionar.

Ahora bien, si conoces este mundo te habrás dado cuenta de que esto no es sencillo. Fíjate que, en primera instancia, no hay producto, sino simplemente un deseo honrado de ayudar. Y sin embargo, es bastante complicado, primero, que a alguien le interese este tema, y segundo, que lo apliquen en sus vidas.

Seguramente te ha ocurrido lo siguiente: compartes un buen consejo con un familiar, compañero de trabajo o amigo, para observar frustrado que no lo sigue. Parece como si muchas personas prefieran darse cabezazos contra la realidad, persistiendo en continuar haciendo lo mismo de siempre, pero pretendiendo lograr resultados diferentes, y además, brillantes.

¿Dónde está el problema?

Lo que hace un verdadero influencer

Con el tiempo y la experiencia adquirida he llegado a una conclusión. La gente solo cambia si quiere cambiar. Dar un like en una red social, o comprar un objeto, son cosas sencillas, pero aprender un método para organizar tu vida o comenzar a tener hábitos saludables es otra cosa. Hay que querer.

Aunque solemos pensar en un influencer como alguien capaz de expresarse con grandilocuencia y de convencer a los demás de lo que quiera, en la práctica, este tipo de mensajes son sentimentalistas, y, al no cambiar las motivaciones básicas de la persona, se quedan en nada en muy poco tiempo.

Razonar, ilustrar, aplicar, usar la palabra con poder está bien, pero no es suficiente.

Por eso creo que hay otra forma de ser influencer. Recuerda que el significado era modificar el comportamiento de otra persona. Y esto se puede lograr indirectamente.

El río

Imagina un río que fluye (curiosamente, el verbo es «in-fluir»). El agua sale del naciente y recorre su camino hasta llegar a otro río, o al mar. ¿Puedes lograr que el agua deje de correr? No. ¿Puedes almacenarla o modificar su curso? Sí, con presas, canalizaciones, diques… Pero eso es costoso y requiere un mantenimiento constante.

Piensa en qué ocurriría si abandonas una presa. En pocos años, el agua la terminará destrozando.

De igual modo, si intentamos cambiar a alguien a la fuerza, quizá consigamos resultados, pero a mucho coste, y poco duraderos. Además, cada cierto tiempo tocará insistir.

¿Y entonces? Piensa de nuevo en el río. El agua seguirá fluyendo, pero en vez de luchar para modificar su curso, ahora alguien se dedica a quitar obstáculos. Retira las ramas y árboles caídos. Destruye las construcciones que cambiaban lo natural. Poco a poco, el agua fluye buscando la forma más eficiente de llegar a su destino, sin parones, sin desbordamientos, con total esplendor.

El verdadero influencer no frena, sino que facilita

Suena distinto, ¿verdad? La idea no es intentar modificar lo que otro piensa, sino facilitar lo que ya piensa, y eliminar los obstáculos que frenan su potencial.

La mayoría de personas quieren crecer, quieren mejorar, y ser mejores padres, hijos, esposos, esposas, amigos, empleados…

El verdadero influencer no lucha contra el agua, sino a favor del agua. No le dice «estás haciendo esto mal» ni «tienes que cambiar esto», sino «esto te está impidiendo ser tú mismo».

Un influencer de verdad hace un trabajo artesano, paulatino. Primero observa, analiza, y para eso escucha sin juzgar. Va más allá de las apariencias. Se centra en los buenos deseos que la persona ya tiene. Nunca ataca ni pretende cambios bruscos. No se le ocurre dinamitar una presa, sino ir, poco a poco, facilitando pequeños cambios en la persona.

Este enfoque sobre cómo influenciar es curioso, porque en esencia, estamos dándole a la persona los mismos métodos y técnicas. Pero en vez de plantearlo como una imposición, detectamos su potencial y le ayudamos a lograr lo que ya quiere. Así, aunque de hecho modificamos su comportamiento, no lo hacemos rompiendo su esencia, sino mejorándola.

Existen muy pocos influencers reales en desarrollo personal

Dicho esto, considero que hay pocos influencer reales, si acaso alguno, en el campo del desarrollo personal. Es muy complejo influir en el comportamiento de una persona, así que calcula lo complicado que es hacerlo de forma perenne en miles de personas a la vez con un blog, un curso o un librito, por muy bueno que sea.

Hay quien lo ha conseguido, pero, insisto, son muy pocas personas. El verdadero influencer no es aquel que sabe mucho de marketing y consigue vender muchos libros o cursos, por más que estos sean «buenas camisas». En realidad, el verdadero influencer en desarrollo personal considera un éxito ayudar a unas cuantas personas. Eso sí, cuando lo logra, al haber modificado la vida de alguien definitivamente, puede centrarse en ayudar a otra. Además, las personas a las que ayuda, pasan a ser parte extendida de su influencia.

Y esa, amigo, amiga… esa es la verdadera y la mejor influencia que puedes buscar o desarrollar.

*Si crees que te puedo ayudar a mejorar tu vida en algún campo relacionado con la efectividad, organización o desarrollo personal, contáctame y lo intentamos juntos.

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