Diccionario

El diccionario no es el idioma y otros parecidos irrazonables

A veces sucede que confundimos la representación con lo representado. Son parecidos, pero en este caso, poco razonables. Se podrían poner decenas de ejemplos, pero me voy a centrar en 3.

1. El diccionario no es el idioma

El primer ejemplo es el diccionario. Ahí encontramos el vocabulario completo de un idioma. Un buen diccionario te dice cómo hay que pronunciar una palabra, los sinónimos, algunas características, como si es un término familiar o pertenece a una jerga. Muchos diccionarios también contienen una sección de gramática o similares.

Sin embargo, por muy bueno que sea un diccionario, es solo una representación limitada de un idioma. Sería una locura aprender a hablar un idioma solo estudiando el diccionario. Podrías hablar, quizá, pero al enfrentarte a la vida real, te darías cuenta de que la gente habla de forma orgánica, natural, no como te dice el diccionario.

En muchos casos, el diccionario tarda en aceptar nuevas formas de hablar. Esto es algo que aprendí cuando se me ocurrió un nombre para el palo de la eñe.

Es más, algunos idiomas han desarrollado dos vertientes: una formal o clásica, y otra de la calle. Esto fue lo que me sucedió hace unos años cuando aprendí árabe. Estudié los libros de gramática, hice cursos, aprendí a leer y a escribir… y conseguí un nivel alto del idioma. El problema es que cuando practicaba con gente árabe, ellos me entendían, pero a continuación, hablaban entre ellos un idioma que a mí me costaba comprender.

Resultó que en ciertos sectores, como la política, los informativos, la educación formal, y sobre todo en el ámbito religioso, se usa el idioma «fusha» o clásico, que es un árabe que lleva prácticamente intacto desde que se escribió el Corán. Sin embargo, en la calle se habla dariya (el idioma de la calle), que ha ido desarrollándose durante siglos, y transformándose en múltiples dialectos.

Así que el diccionario no era el idioma. Para hablarlo bien había que salir a la calle y mezclarte con la gente que lo hablaba. El diccionario o los libros de gramática solo eran una representación; correcta, pero limitada.

2. El mapa no es el territorio

Algo parecido ocurre con un mapa. Por muy preciso que sea, solo es una representación de la realidad. Tiene sus reglas, su formato y puede llegar a ser muy específico.

Si usas mapas digitales, tienes funciones que simulan estar en el sitio, mostrando imágenes en 360º, y permitiéndote avanzar por una calle, por ejemplo.

Un smartphone con GPS puede trazar una ruta en unos segundos, y avisarte de si hay atascos, o si tendrás que pagar un peaje.

Pero, por muy detallado que sea, sigue siendo una representación.

Te cuento una anécdota. Hace un tiempo estábamos en la isla vecina, en Tenerife, de vacaciones. Habíamos alquilado una casa en la zona sureste. Usamos Google Maps para llegar desde el sitio donde estábamos (el Tanque) hasta la casa (en Buenavista).

Mientras íbamos en camino, el amigo Google nos dijo que podíamos escoger una ruta por donde ahorrábamos 4 minutos. Creo que sabrás lo que hice. Google acertó. El camino era, de hecho, un atajo conocido por muy poca gente.

Lo que el GPS no nos dijo es que la carretera no tenía iluminación (algo importante, pues era de noche y no conocíamos la zona), que en la mayor parte del camino no cabían dos coches y que había que dar marcha atrás para dejar pasar al que subía, que no había barreras en el lado que daba al precipicio, y que la pendiente era como para asustar. En pocas palabras… ¡pa habernos matao!

Cualquier persona que haya explorado rutas desconocidas, sabe por experiencia que el mapa ayuda, pero hasta que no estás en el sitio, no sabes realmente a lo que te vas a enfrentar.

3. El método no es la efectividad

Aquí viene el tercer ejemplo. La mayoría de los que hemos invertido tiempo en mejorar nuestra efectividad personal, hemos implementado un método.

Muchos han optado por GTD para organizarse mejor. Otros usan TimeBlocking. Y otros han desarrollado sus propios métodos.

En mi caso, llevo usando el método C.A.R. para organizar mi vida desde hace ya algunos años. Es un sistema integral, en el que absolutamente toda la información que me llega, es procesada y ejecutada de alguna manera. Me pareció un método que funcionaba, así que busqué la manera de enseñarlo a otros, y finalmente, monté el curso de organización personal que ofrezco en esta web.

De momento, el método que propongo tiene un buen feedback, y varios referentes en productividad personal han hablado muy bien de él.

Sin embargo, he podido observar algunas cosas curiosas en el comportamiento de los que adquieren el curso.

Algunos, a pesar de haber pagado algo de dinero (créeme, es muy barato para lo que se ofrece), ni siquiera lo han comenzado. Otros empiezan muy fuerte, pero abandonan rápido. Por increíble que parezca, algunas personas a las que he regalado el curso, no han usado el cupón de regalo.

A veces parece que pretendemos una pastillita mágica que solucione todos nuestros problemas, pero eso no existe. Al igual que ocurre al aprender un idioma o al conocer un sitio nuevo, un curso no es la realidad, sino solo una representación.

El camino de la efectividad personal

El camino de la efectividad personal, como su propio nombre indica, hay que recorrerlo.

Por supuesto, un diccionario, un mapa, y también un método de organización, son herramientas fundamentales, y sería tonto no usarlos. Pero después hay que mojarse.

Si estás leyendo este artículo, es porque te interesa mejorar tu vida. Al fin y al cabo, de eso va este blog. Así que tengo varias preguntas para ti:

  • ¿A qué esperas?
  • ¿Hay algo que te esté frenando para avanzar?
  • ¿De verdad estás dispuesto a quedarte en la teoría?

Es posible que ya sepas qué hacer para mejorar tu vida, pero que te de miedo salir de tu zona de confort, pero créeme, merece la pena.

En mi caso, aunque llevo formándome desde pequeño, y siendo una persona «organizada», es en los últimos años, cuando he decidido lanzarme, cuando estoy viendo resultados increíbles. Ahora la pregunta que me hago es: «¿por qué no empecé antes?».

Por eso, déjame hacerte otra pregunta más:

  • ¿Te puedo ayudar en algo?

Tienes el formulario de contacto para lo que me necesites. También tienes la posibilidad de adquirir el curso. Por supuesto, te lo recomiendo, pero solo si de verdad lo vas a hacer.

¡Olvídate de los parecidos irrazonables y vive tus decisiones!

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