Nos están desmembrando

Hace unos años visité el museo de cera en Madrid. Una de las salas más heavy es la sala del terror, que incluye una muestra de torturas de la inquisición. Por increíble que parezca, había una tortura llamada «El potro» que consistía en tirar de las extremidades de alguien mediante cuerdas atadas a un torno que iba aplicando cada vez más fuerza. Sí, lo sé. Es muy desagradable solo pensarlo. Bueno, pues aunque sea de forma simbólica, ahora mismo nos están haciendo lo mismo.

Quién está tirando de las cuerdas

La triste realidad es que, muy probablemente, ahora mismo estás siendo torturado de forma parecida. Cada vez hay más y más «servicios» (¡qué ironía de término!) que quieren tu atención. Son como cuerdas atadas a tu cerebro, tirando cada una en una dirección distinta.

Piensa por un momento:

  • Whatsapp te da un montón de funciones para comunicarte.
  • También tienes Telegram.
  • Y si eres un pro, igual usas Slack.
  • Puedes recibir un montón de correos de tus suscripciones a blogueros empeñados en contarte sus vidas, así como facturas que hay que pagar, notificaciones varias por si no te habías enterado o actualizaciones de términos que ni leíste en su momento ni vas a leer ahora.
  • Puedes seguir a quien quieras en Instagram, Facebook, Twitter o si te gustan los bailecitos con las manos, TikTok.
  • También tienes podcast de todas las temáticas que quieras.
  • Y ahora, como el podcasting está muerto o va a morir, podrás escuchar audios en Clubhouse.
  • También puedes escuchar música hasta reventar en Spotify.
  • ¿Que prefieres un video? YouTube y Vimeo, entre otros.
  • Puedes ver Netflix, HBO o la tv de Apple o de Amazon (no sé cómo se llama y no voy a perder tiempo buscándolo).
  • ¿Te gustan los libros? Amazon Prime, Nubico.
  • ¿Audiolibros? También hay opciones.
  • Por supuesto, también tienes la tv tradicional y la radio del coche, con sus preciosos anuncios.
  • Y si vas conduciendo con el móvil en modo avión, con la radio en silencio, tranquilo, que hay carteles estratégicamente colocados para que te quedes bobo mirando.
  • Y si además de todos los posibles usos personales de todo esto, encima eres creador de contenidos o tienes una empresa y dependes de ciertos «servicios», entonces, ya ni te cuento.

¿Te das cuenta? Todos quieren tu atención. Y todos se están esforzando mucho.

No contentos con tirar, van apretando las tuercas

La mayoría de los “servicios” que he mencionado, no contentos con pretender tu tiempo y atención, van apretando la tuerca y añadiendo tensión. Ahora Twitter saca stories, ahora YouTube te ofrece Music hasta el hartazgo, ahora no sé qué empresa saca su propio servicio de televisión, música o podcasting… ahora sacan un reloj que te avisa de que tu cuñado el “memes” te ha reenviado el último bulo sobre el covid-19.

Seguramente no has notado nada en tus extremidades, pero, ¿no sientes que están tirando de tu cerebro cada vez más fuerte?

Permíteme una pregunta. ¿Qué crees que va a pasar si nadie se cansa de tirar?

Desenganchándonos del potro tecnológico

Lo peor del caso es que quien ató esa cuerda a nuestra cabeza fuimos nosotros mismos. Engañados, sí, pero por propia voluntad. Lo mejor del caso es que podemos soltar la cuerda.

No hace falta soltarse de todas. Que una cuerda tire de ti puede ser muy bueno. Piensa en la cuerda que sujeta un barco gracias al ancla, o en la cuerda que tira de alguien atrapado para rescatarle.

La cuestión es simple. Debemos parar un momento y pensar qué servicios nos interesan; cuáles nos son de verdad útiles.

Si ya usas el método C.A.R., te invito a capturar esta idea. Simplemente anota o grábate una nota de voz que diga: “Eliminar suscripciones”. Después, cuando analices, programa un bloque de tiempo de una hora. Con eso es suficiente. Y dedica esa hora a eliminar todas las suscripciones que puedas.

Si prefieres usar otro sistema, es lo mismo. La idea es simple. Corta cuerdas. Sin contemplaciones. Te lo aseguro. El efecto va a ser liberador.

*Por si acaso lo has pensado:

Igual, mientras leías este artículo has pensado (espero que no) que yo también soy una cuerdecita tirando de tu cerebro. Solo me gustaría hacer algunas puntualizaciones.

– En esta web no encontrarás banners ocupando toda la pantalla, ni publicidad de ningún tipo, ni siquiera un formulario para que me des tu correo. Los únicos datos que pido son en el formulario de contacto y al adquirir alguno de los productos que están a la venta. Y lo hago porque es una imposición legal. Si no, tampoco los tendría. De hecho, la única vía de comunicación que te ofrezco es un canal de Telegram, donde no tendrás que darme ningún dato. Solo tengo las cookies mínimas e imprescindibles, y si pudiera quitarlas, ya lo habría hecho. Tampoco vas a ver botones para compartir en redes sociales, ni ninguna otra cosa que pueda molestarte.

Al escribir contenido, tengo 3 motivaciones muy claras:

1: Me encanta compartir lo que aprendo.
2: Quiero ayudar sin que esto genere en ti ningún compromiso
3: Me encantaría poder darte servicios especializados (servicios de verdad) que te ayudarán a vivir mejor (estoy convencido) y que quizá me ayuden algún día a dedicarme a esto.

Si a pesar de todo, te estoy agobiando, no lo dudes, corta la cuerda. Serás más feliz.

Resumiendo

Casi sin darnos cuenta, nos hemos metido en un potro de tortura tecnológico, donde cada vez más inquisidores quieren nuestro tiempo y atención. No conformes con eso, poco a poco, van apretando más. Por eso, si queremos liberar nuestra mente, debemos tomarnos tiempo para cortar las cuerdas; dar de baja todas las suscripciones que podamos, decidiendo qué cuerdas queremos usar para que nos ayuden a lograr nuestros objetivos.