La primera parte del título de hoy, además de ser también tema de canciones, poemas y libros, es también una frase hecha que alude a la reflexión.

¿Alguna vez has visto a alguien que está totalmente concentrado en sus pensamientos? Su cabeza está erguida, su cuerpo tenso y rígido, y sus ojos están enfocados en un punto distante. Le puedes hablar, o hasta pasar por delante de él haciendo algún baile tonto, que nada… no se entera.

Y es que nuestro cerebro, cuando necesita concentrarse, empieza a “desconectar” sistemas más o menos innecesarios.

Un efecto parecido sucede cuando quieres tomar una salida en una rotonda, y te equivocas varias veces seguidas. Es como si tu mente te estuviera diciendo: “No me agobies, compañero. Necesito parar y pensar”.

Por desgracia, los dos ejemplos anteriores suelen ser fortuitos, no provocados conscientemente.

Un gato conncentrado; mirando a la nada, pensando en todo.

¿Se puede entrenar la calma?

Teniendo en cuenta la enorme utilidad que tiene poder pensar con calma, reflexionar y meditar sobre un asunto concreto, la pregunta que surge es: ¿se puede entrenar el cerebro para concentrarse?

Este es un tema que ha sido y sigue siendo ampliamente investigado por los científicos. Teniendo en cuenta la increíble plasticidad de nuestra mente, la lógica dice que sí, que podemos hacer algo para aprender a concentrarnos a voluntad.

Existen rutinas específicas en las que se eliminan las distracciones, y se busca un momento y un lugar idóneos para estar tranquilo y meditar.

Sin embargo, no parece que tenga mucho mérito concentrarse modificando el entorno, ¿verdad?

“Cualquier persona puede sostener el timón cuando el mar está en calma.”Publio Siro Clic para tuitear

“Calma polluelo”

Esto me recuerda a un cuento en que un rey quiso dar una lección a su hijo, que pronto heredaría el trono, pero al que le faltaba el temple necesario.

El sabio rey ideó un plan. Proclamó por todo el reino un concurso de pintura con el tema: “Serenidad”.

Le dijo a sus siervos que viajaran por el reino pregonando el concurso, pero que, bajo ningún concepto, rechazaran ningún cuadro.

Llegó el tiempo del concurso, y el rey, ilusionado, junto con su hijo, fue revisando todos los cuadros. Poco a poco, su semblante se fue entristeciendo.

Entonces, vio un cuadro casi escondido. Preguntó a sus siervos por qué lo habían puesto allí. Ellos respondieron que, sin duda, esa pintura era obra de un demente. Parece que el artista había pintado justo lo contrario a lo que se pedía.

En el cuadro se veía un precipicio que daba a un mar envuelto en una enorme tempestad. Entonces, el rey hizo algo que nadie había hecho hasta entonces, se acercó y se fijó con detenimiento. De pronto, expresó con alegría: “¡Este es, sin duda, el cuadro ganador!”.

¿Por qué?, se preguntaban todos. El rey explicó: “Si se fijan bien, en el precipicio hay un pequeño nido con un polluelo recién nacido”.

La madre daba de comer a su cría, completamente ajena a la tormenta.

Eso era lo que el rey quería transmitir a su hijo: la serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales con mares en calma y cielos despejados.

Serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.

Serenidad

La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad. 

No estoy seguro de si existe una técnica para entrenar tal calma; seguiré investigando. Sí creo que ser conscientes de lo que queremos e intentar dominar nuestra mente en todo momento, en vez de que suceda al revés, tiene que ser, por fuerza, útil para desarrollar ese temple que todos queremos.

Según parece, hay factores relacionados, como descansar bien, hacer ejercicio, o tener una dieta saludable. También es conveniente evitar drogas, o el consumo excesivo de alcohol.

Tener una agenda controlada, reservando tiempos de ocio y descanso, eliminar distracciones y notificaciones innecesarias, disminuir los tiempos de exposición a las pantallas, estar más en contacto con la naturaleza, leer, estudiar, meditar, pasar tiempo con los amigos y la familia…

Todas estas son medidas que todos, en el fondo, conocemos, pero que pocos, muy pocos aplican en su día a día.

Por eso, la pregunta de hoy es: ¿Serás tú como el pajarito del cuento? ¿Mantendrás la calma en medio del temporal?

“Un hombre en calma es como un árbol que da sombra. Las personas que necesitan refugio se acercan a él” – Toba Beta Clic para tuitear

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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

2 commentarios

JJ Zaratruciano · 22/03/2019 a las 2:48 pm

La calma es todo un tema. Vivir épocas turbulentas me hizo apreciar el valor de la calma. Creo que para lograrla hay que tener un fuerte deseo de ella, una predisposición diaria. La percibo como un terreno fértil para la creatividad y el liderazgo. Gran tema Jaír. Saludos!

    Jaír Amores · 22/03/2019 a las 4:27 pm

    Muchas gracias por tu comentario. Toda la razón. La calma y la creatividad caminan de la mano. Saludos!

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