8 de cada 10 estudiantes se declaran adictos al teléfono. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Por qué cada vez que el teléfono suena se para el mundo? En este capítulo veremos lo injusto de responder al móvil antes que a las personas, y algunas técnicas para usar de modo responsable y efectivo el famoso smartphone. Por cierto… ¿conoces al señor de negro?

Las ambulancias y sus urgencias

Un ejemplo típico de una urgencia es el de las ambulancias. Seguramente te ha ocurrido, o has visto en alguna ocasión, una ambulancia “a toda pastilla”, con la sirena sonando. Al oír este sonido, los coches se apartan para que la ambulancia pueda ir más rápido. Los conductores reaccionan inmediatamente.

Sirena ambulancia

Lo curioso del caso es que esta rapidez de respuesta por parte de la gente no se suele dar muy habitualmente. Eso sí, si suena el móvil, ya sea un Whatsapp, un SMS, un correo o cualquier otro tipo de sonido, se para el mundo, agarramos el teléfono, y atendemos lo que quiera que signifique ese sonido. ¡Es peor que una ambulancia!

Por eso el tema de hoy: las urgencias del teléfono. En realidad el teléfono no tiene urgencia. Son más bien interrupciones que nosotros convertimos en urgencias.

La anécdota de la chatarra

Un ejemplo de esto: permíteme contarte una anécdota.

Se me rompió el coche, así que fui a buscar en un desguace de coches (aquí en Gran Canaria le dicen usualmente “chatarra”). Lo suyo es reparar el coche como es debido, pero creo que muchos hemos pasado por etapas en las que hay que ir a lo “baratillo”.

Chatarra de coches

Bueno, el caso es que llego a la chatarra, y aparte de los coches despiezados, había una especie de oficina, con una chica detrás de un mostrador, y delante, una fila de gente esperando su turno. Cuando le tocaba a alguien, la chica le atendía, y, dependiendo del caso, llamaban a un señor con mono de trabajo y sucio como un mecánico, que ya te llevaba hasta el repuesto que buscabas.

El sistema era muy lento, más para alguien como yo, que no soporta las pérdidas de tiempo. Pero el colmo era que la chica no hacía sino coger el teléfono. Decía: “perdone un momentito”. Sí, me parece muy bien, te perdono, pero yo estoy aquí esperando y tu estás atendiendo a gente que no sabes ni quiénes son.

Vale… ¿qué hice? Me acerqué al mostrador, agarré una tarjeta con el número, salí fuera, y llamé por teléfono. Obviamente, me atendió la chica de dentro (casi la podía oír directamente), preguntó al mecánico (que “casualmente” estaba al lado sobre una pieza, y me dijo que no tenían.

No es justo

¿Qué te parece la historia? A mi me vino bien, pero la verdad es que no es justo. Igual que yo, podía haber alguien llamando desde su cama. Y a ese desconocido le atienden antes que a una persona que ha invertido su tiempo y su dinero en acercarse hasta el sitio. No estoy en contra de una gestión de atención al cliente telemática, pero tampoco parece muy equitativo que se atienda al teléfono según suena, mientras tienes una cola de gente delante tuya.

Y esta historia la vemos día a día, y cada vez más: la policía atendiendo el tráfico y consultando el móvil, recepcionistas con la cabeza agachada -no porque estén tristes-, sino porque están mirando el móvil, las cajeras o cajeros del banco.

Constantemente nos llegan notificaciones que nos interrumpen. Ellas no saben si estamos comiendo o atendiendo algo importante. La interrupción viene, y le damos prioridad.

Al camarero no se lo permites

Imagina por un momento que estás cenando con tu pareja en un ambiente agradable, y te viene el camarero cada 30 segundos a preguntarte si está todo bueno, si hace falta algo. Pues sí, está todo bien, pero déjeme comer tranquilo. ¡Claro! Probablemente mandarías al camarero a darse un paseo bien lejos y dejar de interrumpir. Sin embargo, si es el móvil el que interrumpe, no pasa nada.

¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que situaciones como estas se hayan generalizado tanto? Lo he estado investigando, y he llegado a varias conclusiones.

  1. El sonido. El tono nos genera un estrés que nos incita a apagarlo. ¿Cuándo se apaga el sonido? Cuando respondemos a una llamada. Es como la sirena de una ambulancia o el llanto de un bebé. Te pone en tensión… hay que apagar ese ruido. 
  2. Incertidumbre. ¿Quién será? ¿Qué querrá? ¿No será fulanito para yo que se qué? Y si ves el nombre de quien te llama en la pantalla, lo mismo: ¿y qué querrá ahora menganito? Al atender la llamada, sacias la curiosidad.
  3. Completar tareas sencillas es muy gratificante. Responder una llamada, leer un correo, devolver un whatsapp… todo esto son tareas pequeñas que, al verse cumplidas, le dan un pequeño subidón a nuestro cerebro, deseoso de tachar de la lista tareas. «Parece» que hemos hecho algo.
  4. El ego. Hay muchas personas que creen que estar respondiendo llamadas, mandando mensajes y recibiendo mails les hace parecer importantes. También creen que han realizado muchas cosas, aunque lo más probable es que no hayan avanzado mucho, ni que sean tan importantes. 

Es una droga dura

Hay que reconocer que no responder la llamada de un teléfono requiere un autodominio notable. Pero es posible. Un ejemplo: en una ocasión, estaba hablando con un familiar, y le empezó a sonar el móvil. Sorprendentemente, este hombre siguió hablando conmigo como si no oyera el teléfono. Así que le pregunté: “¿no vas a ver quién es?”. A lo que me respondió: “el móvil a mi no me controla. Después veré quién era”. ¡Casi le beso los pies! 

Seguro que hay más razones aparte de estas. Lo cierto es que el uso masivo del smartphone trae consecuencias muy negativas.

Uno de los problemas relacionados con el móvil es la adicción. Algunos expertos aseguran que este tipo de adicción es similar a una droga dura. Fíjate en este dato: 8 de cada 10 estudiantes se consideran adictos al móvil. Lo llaman adicciones sin sustancia.

La adicción al teléfono

Un testimonio real:

Vanesa tenía quince años cuando su madre le regaló el primer móvil. Su alegría se convirtió en adicción en pocos meses. El WhatsApp, la red social de mensajería instantánea, fue su condena. Llegó a pasar diecisiete horas enganchada al teléfono. Si su madre se lo quitaba, lloraba como si se hubiera muerto un familiar cercano.

Ahora Vanesa solo puede conectarse dos horas al día. Los jueves es el día sin móvil. Ni WhatsApp ni conexión. Es su terapia. Su mundo real había dejador de existir. Todo sucedía a través del smartphone.

Te pongo el video donde esta chica cuenta su historia.

Por cierto, hablamos más sobre el tema del WhatsApp en el enlace: Cómo usar Whatsapp de forma efectiva

¿Tienes nomofobia?

A esta adicción en particular se le ha puesto el nombre (¡qué nos gusta poner nombres!) Nomofobia, que es el miedo a no estar conectado, la angustia de dejarse el móvil en casa y la sensación de estar recibiendo mensajes, lo que provoca consultar el teléfono cada pocos segundos. Hay gente que cree que el teléfono les está vibrando cuando en realidad no ha sido así.

¿Cómo saber si tenemos este problema? Si nos sentimos nerviosos cuando no tenemos el móvil encima, ya tenemos un problema.

Adicción al teléfono

Otras cosas negativas del uso del teléfono

Hay más cosas negativas. Otra es la luz en los ojos. Es como si te enfocaran con una linterna directamente mientras intentas leer algo en el foco. Lo recomendable es bajar la intensidad de la luz.

El aumento del estrés también se relaciona con el uso excesivo del teléfono.

También el incremento de las ondas electromagnéticas. En esto los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos dicen que no pasa nada, otros las relacionan con enfermedades muy graves, como el cáncer, incluso con algunas muertes. No se cuál será la verdad, pero algo está claro. No parece muy bueno para nuestro organismo la cantidad de ondas que tenemos pululando a nuestro alrededor. Wifi, FM, AM, TDT, HF, VHF, 3G, GSM, 4G por mencionar sólo algunas. Te puedes ir caminando a un pico elevado, y tener cobertura. Ya digo, muy sano no debe ser. ¿Cuánto nos afecta? Habrá que dejar pasar tiempo para saber más.

El uso excesivo del móvil causa problemas en las articulaciones de las manos. ¿Imaginas por qué?

También está la mala imagen que podemos presentar al darle determinados usos al móvil, y la falta de respeto que se produce cuando ninguneamos a los que están a nuestro lado, poniendo por encima a un aparato.

No todo es malo

Cada vez más personas son conscientes de los problemas del uso del teléfono (mal uso, por supuesto).

Hay que reconocer que este aparatito es también una herramienta muy potente. Se podría decir que es un mal necesario. Por trabajo, por ejemplo, muchos necesitamos tener móvil. Gracias al avance de la tecnología, podemos tener en un aparato portable, correos electrónicos, acceso a internet, y todo un mundo de posibilidades.

Así que la solución no es tan sencilla como prescindir de él. Lo más efectivo sería usarlo bien.

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¿Cómo? Vamos a ver algunas sugerencias que dividiremos en 4 niveles. Son sólo eso sugerencias que he ido poniendo en práctica. Algunas las he visto en blogs, podcasts, o bien las he escuchado en algún otro sitio. A mi me han ido bien, y a otras personas también. Como en muchas otras cosas, la clave está en probar y mantener el equilibrio.

Nivel 1: modo avión

Teléfono en modo avión

Se llama modo avión porque se supone que causaba interferencias en los aparatos de pilotaje. Ahora se supone que ya no causan interferencias. Bueno, la cosa está en que con el modo avión, no entran ni salen señales. Recordemos que el móvil no solo tiene una antena receptora, también tiene una antena emisora. Por eso podemos hablar y hasta compartir Wifi.

Por la noche, para poder descansar bien, se aconseja poner los móviles en modo avión, además de apagar el Wifi y todos los aparatos que tengamos cerca. Poner el móvil en modo avión también evitará que te manden un video de gatitos haciendo el tonto a las cuatro de la madrugada. También está el tema de la seguridad de nuestros datos, claro.

Además, como nuestra mente, de alguna manera, sabe que el móvil está incomunicado, se relaja. Son estas cosas que nuestro cerebro sabe sin que lo hagamos conscientemente. Al revés, si el subconsciente sabe que el móvil puede sonar en cualquier momento, es como si reservara algo de su energía y no nos permitiera desconectar del todo.

El modo avión también es útil para cargar la batería y para evitar que se descargue, sobre todo si la cobertura es débil.

Nivel 2: Modo no molestar

No molestar

Por cierto, es curioso el nombre del modo: “no MOLESTAR”. Ya nos dice un poco lo que puede ser muchas veces una notificación: Una molestia. Es como un hotel. Uno pone el cartelito “no molestar” porque no quieres que te molesten. Igual en el móvil. Este modo consiste en que la señal llega, pero no oímos ninguna señal. Para que esto sea eficaz, es bueno alejar el móvil y ponerlo boca abajo, para evitar la posibilidad de ver una llamada o un mensaje entrante.

También, el modo no molestar puede ser visto como “no molestar” a otros. Un ejemplo podría ser una reunión, un velatorio, una cena…

El modo no molestar se puede programar en horas concretas. En algunos dispositivos también se puede activar por ubicación gracias al GPS. Es decir, al llegar a un sitio, se pone automáticamente este modo. También se pueden poner excepciones, como cuando estás esperando una llamada de alguien en concreto, y quieres o necesitas atenderla.

Un detalle a tener en cuenta es que, en el modo avión las alarmas van a sonar. En el modo no molestar, normalmente no, aunque esto depende del modelo del dispositivo y la configuración.

Nivel 3: (Vamos a más) Silenciar las notificaciones

Icono silencio teléfono

Hay un concepto aquí que merece la pena comprender. Las comunicaciones pueden ser síncronas o asíncronas. Crono viene de tiempo. Así que son comunicaciones en el mismo tiempo, o bien en diferido, en tiempos distintos. Un ejemplo de comunicación síncrona es una llamada de teléfono. Hablamos a la misma vez con la otra persona. Sin embargo, el correo electrónico es asíncrono. Mandamos un correo, el destinatario lo recibe en el momento o más tarde, lo lee cuando puede, y lo responde cuando lo ve oportuno. Son diferentes tiempos.

¿Y esto es asíncrono?

¿Qué hay de la mensajería instantanea como el Whatsapp, Telegram y compañía? ¿Qué son? ¿Síncronas o asíncronas? Aunque nos ponen la coletilla de mensajería “instantánea”, en realidad, no tiene por qué ser síncrona. Depende de cómo la uses. En mi caso, por ejemplo, no tengo notificaciones en el Whatsapp, así que para mi, es comunicación asíncrona. Algún amigo me decía en tono acusador: “Es que tu no respondes los mensajes”. Y yo respondía: “Sí que respondo, pero no en el momento. Si tanta prisa tenías, por qué no llamaste. Las llamadas sí las oigo…”

No se si te ha pasado incluso, que empiezas una conversación por whatsapp, se va complicando, y al final acabas hablando por teléfono.

Es como se ve en la imagen de abajo, muchas veces nos olvidamos de que existe la opción de llamar. Por cierto, una tontería que se me ha venido a la cabeza: el que inventó el teléfono, ¿a quién llamó? Si no había nadie más con teléfono…

Al final van a inventar el teléfono

Bueno… disculpa la tontería. Seguimos, que el tema es serio.

Comunicación asíncrona

La idea es que en la comunicación asíncrona, no tiene mucho sentido poner notificaciones. ¿Para qué quieres que te suene si no tienes por qué responder en el momento? El que te ha mandado “eso” tampoco te exige una respuesta inmediata.

Por eso, es mucho más efectivo revisar los mensajes entrantes de este tipo cada cierto tiempo, y contestarlos. La agrupación de tareas de un mismo tipo ahorra tiempo. Y se evita la duplicidad de acciones. Si miras un mensaje porque te ha sonado, pero no puedes responder, lo vas a tener que mirar otra vez, añadido a que mientras, para tu cerebro, se quedará como algo incompleto.

Silencio total

Yo llevo bastante tiempo con las notificaciones de todo silenciadas, excepto la llamada de teléfono y la alarma. Y.. ¿sabes qué? El mundo sigue girando. Ahora siento que el teléfono ya no me domina, sino al revés. (He domado a la bestia)

Un paso futuro sería quitar las notificaciones visuales, que te ponen un numerito en la aplicación indicando que tienes x correos, por ejemplo. 

Cómo mirar las notificaciones

Entonces, ¿cuándo miro las notificaciones? En los momentos que tengo entre una tarea y otra. Termino de atender, borro, archivo, anoto lo que sea necesario. Atiendo lo que me va a llevar poco tiempo, y continúo con otra tarea física. Todo esto tiene un poco que ver con la filosofía GTD. Te pongo un par de enlaces en donde hablo del tema.

Anotar todo (GTD parte 1)

Qué es una cita y qué es una tarea (GTD parte 2)

Las listas de tareas y los contextos (GTD parte 3)

Por cierto, siendo honrados, hay cosas que ya no es cuestión de notificaciones. Si tenemos un teléfono de empresa, por ejemplo, no deberíamos tener ni instaladas aplicaciones de redes sociales o similares. No nos pagan por eso (a menos que seas Community Manager). Nos pagan por realizar un trabajo. Lo suyo sería atender esas otras cosas en el tiempo libre de descanso, o en nuestra casa con nuestros dispositivos.

Nivel 4: Apagar el móvil

Apagar teléfono

Esta es una de las sensaciones más relajantes que podemos tener. Cuando estemos de vacaciones, en familia, al tomarnos un descanso… apaguemos el móvil. En algunas ocasiones, podemos hasta dejarlo en casa. No es tan grave; hace unos años la gente vivía sin este aparatito.

Son 4 niveles, cada uno más exigente que el anterior. Pero también son aplicables a diferentes momentos.

Eso sí, para que sean efectivos, es necesario que podamos ejecutarlos con rapidez. Hay que acostumbrar al dedo (doy por sentado que el teléfono es táctil) a poner el modo avión, no molestar o apagar rápidamente. Y usar estos niveles con mucha frecuencia, que sea una constante en nuestra vida.

¿Y qué pasa con toda la gente que nos manda mensajes? ¿Qué pasa con las redes sociales y todo este mundo virtual? La idea es que tengamos el control.

Como un entrenador

Piensa en un entrenador de fútbol. Su labor es entrenar al equipo. Ensaya jugadas, explica sistemas y cosas similares. Ahora bien, cuando empieza el partido, ¿dónde está el entrenador? En el banquillo. ¿Y qué pasa si el partido va mal? ¿Entra el entrenador en el terreno de juego y se pone a jugar él también? Claro que no. Puede dar algunas indicaciones, pero hasta el descanso, poco puede hacer.

El trabajo tenía que haber estado preparado antes. Él sólo está para atender urgencias. Por eso, es un placer ver un entrenador que se sienta, observa el juego, da alguna indicación, pero está tranquilo, porque su equipo sabe lo que tiene que hacer.

Lo mismo pasa con nosotros. Por muy importante que sea nuestro trabajo o función, no podemos estar siempre atendiendo urgencias. Si siempre están llegándonos notificaciones, llamadas, si todo se para hasta que nosotros actuemos, algo falla. Hay un cuadrante que explica muy bien esto: es el cuadrante importante-urgente. Échale un vistazo, merece la pena.

Ventajas de usar el móvil de forma efectiva

Resumiendo: hay muchas ventajas en usar el móvil de forma efectiva. Estaremos enfocados, valoraremos más a lo que tenemos delante, disfrutaremos más del entorno, de la gente y de la naturaleza.

Infografía para aprovechar una llamada de teléfono
Infografía para aprovechar una llamada de telefónica  vía @4visions

El señor de negro

Para terminar, me gustaría que imaginaras algo, por favor (piensa en los olores, los sonidos… métete en la escena). Estas en un parque, sentado en un banco, relajado (no tienes el móvil, por cierto). Observas la gente que pasea.

Entonces ves a dos hombres a lo lejos. Uno de ellos es bajito, con rostro serio, va vestido de negro. Sus gestos son mecánicos, casi parece más un robot que un ser humano.

A su lado hay un hombre más alto, bien vestido también, elegante, bien parecido. Está constantemente mirando al hombre pequeño, como buscando su aprobación. Además, se le ve nervioso.

De pronto, el señor bajito se para, y sin siquiera mirar a su acompañante, le dice algo. No sabemos lo que es, porque estamos un poco lejos. Entonces, el hombre alto, nervioso, se pone a hacer algo, saca como un papel, escribe, algo así; todo mientras sigue mirando al hombre bajito. Pasados unos instantes, prosiguen la marcha.

Pero la escena se repite varias veces hasta que los pierdes en la lejanía.

¿Quién es quién?

Con esta escena en mente, una pregunta: si yo te dijera que uno de los dos hombre es el jefe y el otro el empleado, ¿cuál de los dos dirías que es el jefe y cuál el empleado? Está claro, ¿verdad? El jefe es el bajito, el de mal carácter, el mandón.

Bien, pues ahora imagina que no es un señor bajito… es un móvil.

Ve a un parque y lo conocerás

¿Verdad que encaja en la ilustración? Muchas veces observamos gente dominada por un pequeño aparato, serio, triste, que nos da órdenes que ejecutamos dócilmente.

Siéntate en un parque y verás esta escena con toda seguridad.

¿Y tu? ¿Vas a hacer algo o serás un esclavo más del móvil?

Recuerda: el móvil es una herramienta, no el fin.

Esto ha sido todo… Espero que te haya gustado. Si es así, por favor, ayúdame a que este contenido llegue a más personas, no vendría mal. Recuerda:

“Si se siente gratitud y no se la expresa es como envolver un regalo y no darlo”

William Arthur Ward

Me despido… Hasta que nos veamos de nuevo (virtualmente, claro está), ¡que lo pases muy bien!

*Créditos de la música

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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

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