Pigmalión es un personaje mitológico que ha dado origen a una ley o efecto: el efecto Pigmalión. Según la historia original, Pigmalión era el rey de Chipre. Durante mucho tiempo, buscó y buscó una mujer para casarse con ella. La condición era que debía ser perfecta. Como no lo consiguió, se dedicó a crear esculturas de mujeres. Una de ellas, Galatea, era tan hermosa, que se enamoró de ella. Pigmalión soñó que la estatua cobraba vida, y gracias a la intervención de los dioses, así fue. Pero… ¿Qué tiene que ver esto con la efectividad y con nuestras vidas modernas? ¡Vamos a verlo!



Aplicaciones del efecto Pigmalión

Como de costumbre, de la misma historia hay varias versiones y adaptaciones. Basándose en el mito de Pigmalión, se han escrito libros, obras de teatro y hasta se han realizado películas. Además, derivado de la historia está el efecto Pigmalión.

Básicamente, se trata de que cualquier cosa que uno imagine, se puede cumplir. Esto puede ocurrir, ya sea en el caso de otra persona a la que transformamos (como la estatua), con efectos en lo que nos rodea, o bien con nosotros mismos. Vamos a ver los tres efectos al detalle. 

castillo de arena
Échale imaginación

El efecto Pigmalión al transformar la vida de otros

Para demostrar el efecto Pigmalión, en 1966 se llevó a cabo un estudio en el que se realizaron test de capacidades a chicos de entre 7 y 11 años de diferentes grados. Una vez evaluados los alumnos, se les dijo a los profesores que una mitad de cada clase, elegida al azar, tenía altas capacidades, mientras que la otra mitad no (se les dio el resultado real del test). Los resultados fueron que la mitad de la clase que se presuponía estaban más capacitados obtuvieron un progreso mucho mayor que la otra parte de la clase.

Inteligencia animal
¿Funcionará el efecto Pigmalión en este elemento?

La conclusión, bastante criticada, todo hay que decirlo, defiende que, al considerar los profesores más inteligentes a ciertos estudiantes, éstos tienden a rendir más. La idea, que es bastante lógica, me recordó a una frase de Goette:

«Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es. Trata a un hombre como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser»

La profecía auto-cumplida o auto-realizada

Otro de los efectos basándose en la historia de Pigmalión es la profecía auto-cumplida o auto-realizada. En otras palabras, una vez que se dice algo, se cumple. Se cumple porque se dijo. Si no se hubiera dicho, no se habría cumplido.

Un ejemplo sencillo: en las noticias comienzan a decir que va a haber una crisis bancaria de aquí a tres meses. Esta noticia no tiene ningún tipo de fundamento. Es una invención pura y dura. La gente empieza a tener miedo, va a los bancos, retira el dinero, y eso produce la crisis. Ya está: ¡efecto Pigmalión! Si no se hubiera dicho nada, no habría profecía, ni cumplimiento. 

Crisis bancos

El efecto Pigmalión en uno mismo

Por último, se suele aplicar esta profecía auto-cumplida en uno mismo y en los objetivos que se pone. Hay un libro muy famoso que dice que si tu dedicas todos los días tiempo a desear un deportivo, al final, tendrás un deportivo. De aquí se ha sacado la visualización positiva, ciertos tipos de meditación, se ha mezclado con la meta-física, etc.

Esto explicaría porque muchas personas creen que algo les va a suceder, y al final, sucede. Por ejemplo, piensas que algo va a salir mal, sientes miedo, vergüenza, te pones límites, y, al final, sucede lo que te temías. También viene a colación la típica frase de: «Es que yo soy así». Y como uno se auto-convence de que es así, actúa de esa manera.

Ferrari rojo
¡Hala! A imaginar se ha dicho…

Es como dice una frase de Henry Ford:

Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón

Es decir, harás lo que creas que vas a hacer.

Y a ti… ¿Qué te parece?

Bueno, resumiendo, básicamente, el efecto Pigmalión consiste en que si imaginas algo y lo deseas, al final lo consigues. Ya sea cambiando a otras personas, a ti mismo, u obteniendo algún objetivo que te has propuesto. Es casi como un milagro o algo así, ¿no? 

¿Qué opinas? ¿Tiene algo de verdad esto del efecto Pigmalión?. ¿Realmente puede tener efectividad en tu vida o en la de los demás? Porque de eso hablamos aquí, de efectividad…



¡Cuidado! Esta es una de las expresiones de moda que se suelen usar de forma un poco ligera. Si nos quedamos en la superficie, y no profundizamos, la historia del señor Pigmalión puede llevar a engaño.

Algunas personas podrían convencerte de que, si deseas algo con mucha fuerza, simplemente sucederá. El universo conspirará, y de forma increíble, verás como tus sueños cobran vida. lo van a conseguir.

Y, claro, cuando esto no sucede, se le echa la culpa a la persona porque no ha sido capaz de seguir los pasos. El promotor de la idea nunca falla. 

Lo que no te cuentan sobre el efecto Pigmalión

No digo que el efecto Pigmalión no se produzca, pero hay que tener algunas cosas en cuenta, y son cosas que no te suelen decir. Así que vamos allá. Hablemos de la historia jamás contada de Pigmalión y Galatea (creo que me he pasado, espero no defraudar, jejeje).

Las mujeres y las estatuas

Algo que se deduce de la historia de Pigmalión es que buscó. Buscó y buscó una esposa. No se cuánto tiempo ni qué métodos usó. No creo que fuera a discotecas ni nada de eso, pero, imaginando un poco, te ves al rey Pigmalión viajando, haciendo entrevistas, hablando con mujeres. Y no buscaba cualquier cosa el señorito. Quería una mujer perfecta. ¡Normal que no la encontrara! Aparte de que él tampoco lo sería, digo yo.

La cuestión es que cuando uno se pone un objetivo, hay que especificar. Tampoco es cualquier objetivo, necesitamos la excelencia. Y para eso, hay que formarse, entender de la materia, probar, repetir, comparar…

La cosa no queda ahí. Como no encontró una mujer perfecta, se lió a hacer estatuas. ¿Cuántas? No lo se, pero seguramente muchas. Es curioso, porque hay una versión de la historia que dice que Pigmalión no era rey, sino escultor. La idea es la misma: esculpir es un trabajo laborioso, hay que saber hacerlo, mejorar la técnica. Recuerda que quería una mujer perfecta.

Mujer perfecta : efecto Pigmalión

Esto me hizo recordar al origen etimológico de la palabra sincera. Según parece, los escultores españoles del renacimiento que esculpían en mármol solían tapar los errores con cera. Cuando una escultura era muy buena, decían que era sin cera. No me enrollo: la cuestión es que hubo una formación, un trabajo, una constancia envueltos.

Esto difiere mucho de simplemente imaginar algo, ¿verdad?

¡Paciencia amigo!

Evidentemente, aunque el relato contenga unas cuantas líneas, debió pasar mucho mucho tiempo dese que Pigmalión decidió buscar una mujer, hasta que logró una estatua perfecta. No, no es una cuestión de días u horas. Son meses o años. Y para eso, necesitas PACIENCIA.

Esto es muy frustrante. Es contrario a la filosofía moderna del «Vive ya», «A vivir que son dos días». Total… «¡¿Que no lo puedes comprar todavía?!, llévatelo y ya lo pagarás…». Vivimos en un mundo carente de paciencia, pero en realidad, la naturaleza nos enseña a que las cosas no funcionan así.

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Tu primero preparas el terreno, después, plantas, riegas, sale un árbol, y después de un tiempo, te da fruto. Puedes ir más rápido, o hacerlo mejor, pero el proceso correcto es ese. El efecto Pigmalión requiere paciencia.

¿Y la diosa Afrodita?

¿Y qué pasa con la diosa Afrodita? ¿Dónde encaja en el efecto Pigmalión? Por mucho que soñara en el tema, está claro que Pigmalión necesitó la intervención de los dioses. No lo consiguió solo. Además, la intervención fue divina, milagrosa.

No hablamos de milagros, pero tampoco podemos negar que siempre hay un factor de suerte. El lugar, el momento, dar con la persona clave. Sí, el trabajo duro y constante es imprescindible, y los que lo hacen van a tener suerte. Pero también hay gente que trabaja y es constante y no les va tan bien. Como dice otra frase: «Solo espero que cuando me visite la suerte, me encuentre trabajando». (O algo así)

Por otro lado, no podrás conseguir gran cosa si no cuentas con la ayuda de otros. Es muy positivo contar tus propósitos a otras personas, sobre todo, amigos y familiares. Esto tiene que ver mucho con el compromiso. También necesitarás pedir ayuda (o pagarla), y aceptar la ayuda que te den. Y aceptar ayuda es imprescindible cuando te metes en terrenos que no conoces bien.

Una frase que encaja muy bien aquí es una cita de Armando Palacio Valdés:

Cuando bordea un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.

Caballo noche

Las cosas hay que merecerlas 

Cuenta la historia, que, al despertar de su sueño, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo «mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal«. Y así fue como Galatea se convirtió en humana. ¿Te suena esto?

No se si has oído algún mensaje publicitario en este plan: «tu te lo mereces», «porque tu lo vales». ¿Seguro?

Copa número 1
Copa número 1 Eres el número 1… «¿Y los demás?»… «los demás también»

El mundo en el que vivimos no siempre funciona así. No siempre se tiene felicidad por merecerla. Hay personas muy buenas que tienen familiares que enferman, o tienen un accidente. ¿Es eso justo? El hecho de nacer en cierto país o en cierta época marcan la diferencia. Uno puede hacer mucho, desde luego, pero creer que el universo te debe algo por ser bueno, es poco realista.

Sí, es cierto que vas a recoger lo que siembres. Pero eso en sí, también nos dice mucho. Primero tienes que merecerlo. Si tu te portas bien, eres amable con los demás, eres generoso, tienes más probabilidades de recibir, pero tienes que merecerlo. Y aún así, nadie te asegura nada. Luego está la actitud ante las cosas, claro está, pero ese es otro tema.

Y las cosas hay que mantenerlas

Vale… conseguiste tu objetivo, así que ahora te puedes ir a dormir, a viajar por el mundo y a vivir la vida. ¡’Error! Desde que te despistes, se te fastidia el invento. Cualquier cosa, cualquier objeto, el cariño de alguien, una relación familiar… todo lo que consigas, tienes que cuidarlo. Si no, se echa a perder. Esta es otra ley universal.

maquina oxidada
Si no lo mantienes…

Sin embargo, se vende muy bien eso de: «¡Venga… puedes conseguir lo que quieras!». Si, puede haber un momento en el que digas: «¡Lo conseguí! Ahora trabajo menos horas, o me mudé de casa». Pero ahí no acaba la carrera, al contrario, ahora hay que mantener ese estatus.

Entonces… ¿sirve de algo el efecto Pigmalión? 

Sí. En realidad ya hemos visto algunas claves: Formación, buscar la excelencia, trabajo duro, tiempo, constancia, paciencia, aceptar ayuda, merecerlo, mantenerlo. Juntando todo esto, sí es posible conseguir cualquier cosa que te propongas. No hay garantía 100%, pero sí hay muchíiiiisimas posibilidades.

Hemos hablado de 3 ámbitos: con otras personas, la profecía auto-cumplida con sucesos externos y con uno mismo. Teniendo en cuenta la historia oculta del efecto Pigmalión, vamos a ver rápidamente sus efectos reales: 

  1. ¿Puedes cambiar la vida de los demás? No es fácil, la gente es como es, y no suele cambiar así como así. Pero sí puedes hacer mucho por ayudar dependiendo de cómo trates a los demás. Hablamos de esto en la entrada Encomio efectivo, así que no me voy a extender más aquí.
  2. ¿Puedes hacer que las cosas alrededor cambien? Sí, hasta cierto punto, puedes usar información, técnicas de persuasión y otros métodos para que algo se cumpla. Eso sí, el alcance no superará tu área de influencia (por mucho que imagines que vas a hundir un barco en el mar de China, no lo vas a conseguir, a menos que seas un pirata local)
  3. ¿Y qué hay de cambiar nosotros mismos? Sí, también es posible. De hecho, este es el mayor logro del efecto Pigmalión. Todo lo que uno consigue tiene un proceso: 1. Pensamiento. 2. El pensamiento produce un sentimiento. 3. Los sentimientos llevan a las acciones. 4. Una acción repetida muchas veces es un hábito. 5. Los hábitos llevan, irremediablemente, a tener resultados. Así que al imaginar algo, se inicia una cadena que sí puede cambiar las cosas.

La visualización

En este tercer punto, viene muy bien tocar, aunque sea de paso, el tema de la visualización. Consiste en imaginar algo que no ha sucedido. Por ejemplo, dedicar unos minutos en silencio a intentar imaginar una tarea que tienes que realizar te ayuda a tener en cuenta los factores envueltos. Si los pones por escrito, ya tendrás un plan para continuar. Al visualizar objetivos a largo plazo, no solo empiezas a creértelo, sino que se genera un plan mucho más específico que simplemente un sueño.

Por supuesto, para que se logren cambios, hay que aplicar TODO EL EFECTO PIGMALIÓN, como vimos al principio. Las acciones de acuerdo al objetivo.  

En resumidas cuentas, las cosas no suceden porque te las imagines. Imaginar, soñar, está bien, pero no es suficiente. Es el conjunto de un montón de pequeñas acciones lo que puede lograr el famoso efecto Pigmalión.

El efecto Pigmalión no es solo imaginar
El efecto Pigmalión no es solo imaginar

Una última cosa: el final de la historia

Si haces una búsqueda en Google sobre el efecto Pigmalión, verás que la mayoría de páginas no te cuentan qué pasó con la vida de Pigmalión y Galatea. 

Una versión de la historia cuenta que tiempo después Pigmalión ofendió a Afrodita y ésta, como castigo, durante una noche, volvió a convertir en piedra a Galatea aprisionando a Pigmalión. Los gritos de este, no se sabe si de dolor o de pena, se escucharon en toda la isla.

Aquí hay una lección importantísima:

CUIDADO CON LO QUE DESEAS

Antes de ponerte objetivos, es bueno tener principios. Y sobre todo, hacerse la pregunta: «¿Por qué?». ¡Qué gran pregunta! ¡Y qué poco nos la hacemos!

Una última cosa: por favor 🙏 , ayuda a EfectiVida con tus comentarios, likes, compartiendo en tus redes sociales, o como lo veas mejor. El objetivo es que más personas puedan aprender a ser realmente efectivas. ✅

Aprovecho para dar las gracias por las valoraciones y comentarios. La verdad es que ayudan muchísimo. 

Me despido… Hasta que nos veamos de nuevo (virtualmente, claro está), ¡que lo pases muy bien!

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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

2 commentarios

Eddy Gonzalez · 03/08/2019 a las 12:02 pm

Excelente!

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