Decisiones… todos las tomamos, constantemente. Algunas son vitales, otras, no tanto. Hay quien afirma que somos la suma de nuestras decisiones. Sea como sea, ¿tienes un sistema para tomar decisiones? ¿O las tomas porque sí? En este capítulo vamos a ver 10 puntos a tener en cuenta para tomar decisiones efectivas. Entre otras cosas veremos la regla 10 10 10, y mucho más.



¿Qué decisión tomarías?

Para tomar buenas decisiones, hay que elegir

Imagina la siguiente situación: estás conduciendo un coche cuando, de pronto, ves una familia en mitad de tu carril. Por el otro carril, viene en dirección contraria otro coche a toda velocidad. No da tiempo a frenar, y la carretera está acotada, así que sólo hay dos opciones: continuar recto y atropellar a la familia, o dar un volantazo y chocar contra el coche que viene de frente. ¿Cuál es la decisión correcta? ¿Qué decisión tomarías tú?

Esta es una de las muchas situaciones hipotéticas que se están usando para que la inteligencia artificial pueda decidir por nosotros, por ejemplo, al conducir coches autónomos. Claro, un robot no puede razonar, y por eso precisamente, hay que darle todos los supuestos y las soluciones de antemano.

Nosotros no somos robots. Somos capaces de pensar y llegar a conclusiones. Sin embargo, también necesitamos ayuda para tomar decisiones difíciles.

Somos la suma de nuestras decisiones

No todas las decisiones en nuestra vida son cruciales. Aún así, son las pequeñas decisiones del día a día lo que hacen de nosotros lo que somos. “Somos la suma de nuestras decisiones”, como decíamos al principio.

Hay gente que cuando se ve en cierta situación, intenta excusarse con las circunstancias. Y es verdad que la genética, el lugar donde nacimos y cosas parecidas influyen, pero realmente, la mayoría de las veces, son las decisiones las que nos van moldeando. Una cosa lleva a la otra.

Por eso, cuando nos vemos en el espejo, y nos preguntamos: ¿cómo he llegado hasta aquí? La respuesta es: por las decisiones (se recoge lo que se siembra). Y si te preguntas: ¿qué será de mi en el futuro? La respuesta es depende de las decisiones a partir de ahora.

La vida es como un camino lleno de infinitas bifurcaciones. Puedes tomar un camino, u otro. Pero no puedes tomar dos a la vez. O decides ponerte esta ropa, o decides ponerte esta otra. A lo largo del día decidimos muchísimas cosas, la mayoría sin importancia. Otras sí la tienen. Qué trabajo escogeré, qué coche me voy a comprar, con quién me casaré, qué voy a estudiar, qué religión tengo, qué casa compro, compro o alquilo… decido responder o callar… No decidir también es una decisión. Decidimos no decidir.

La vida es como el ajedrez: infinitas opciones a elegir
La vida es como el ajedrez: infinitas opciones a elegir

Es evidente que la manera como afrontamos las decisiones que tomamos es importante. No podemos dejarlo al azar, o permitir que los sentimientos y las circunstancias externas nos nublen el juicio. Tampoco es demasiado positivo que los demás decidan por ti. Teniendo en cuenta esto… ¿tienes un sistema para decidir? 

No soy producto de mis circunstancias, soy producto de mis decisiones – Steven Covey. Clic para tuitear

Algunos extremos a evitar al tomar decisiones

Antes de nada, creo que es importante evitar algunas actitudes comunes que evitan que tomemos decisiones acertadas:

1. No decidir

Muchas veces postergamos la decisión de diferentes maneras. Por ejemplo, decidir rápido, sin pensar bien las cosas, es, en el fondo, no decidir. Dejar que pase el tiempo de forma pasiva (a ver si se arregla solo), es también no decidir.

A veces, no decidimos por miedo a lo que pudiera pasar. En otras ocasiones, creencias y costumbres profundamente arraigadas nos frenan, y simplemente hacemos las cosas porque sí, porque siempre se han hecho así.

Para decidir conscientemente, es necesario pararse y pensar: «¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Realmente quiero hacerlo o me lo han impuesto?«. Recuerda que si no tomas TÚ las decisiones, otros lo harán por ti (y lo más probable es que no van a pensar en tu felicidad).

“El riesgo de una decisión equivocada es preferible al terror de la indecisión.” – Maimónides Clic para tuitear

2. Analizar demasiado

Por otro lado, está el extremo opuesto, la llamada parálisis por análisis. Pensamos tanto y le damos tantas vueltas a la cabeza, que terminamos mareados, y dejamos la decisión para otro momento. Buscamos datos, analizamos sin sentido, hasta la extenuación, consultamos, nos informamos, pero no decidimos, no pasamos a la acción.

Algo que puede ayudar a evitar analizar las cosas demasiado, es recordar que no hay decisión una decisión perfecta. Además, ¿cómo puedes saber si la decisión es correcta si no la tomas?. No se puede volver al pasado, así que solo puedes ver un camino, no más. Es imposible comparar la decisión que tomamos con otra.

Normalmente no podemos analizar todos los factores. Hay sistemas de decisión que intentan hacerlo, como los árboles inductivos o árboles de decisión (por cierto, hay que hacer un curso para saber usarlos correctamente). En la imagen de abajo puedes ver un árbol de decisión para saber qué hacer con la ropa del armario.

Árbol de decisión para desatascar el armario

También hay quien se crea hojas de excel. Otros hacen elaboradas encuestas… Pensando en esto último, piensa en lo siguiente: no puedes entrevistar a todo el mundo, y cada persona es un mundo. Sí, puedes tener una muestra muy amplia, elaborar con mucha precisión las preguntas correctas sin inducir las respuestas, pero… ¿es realmente efectivo todo esto? Es decir, ¿compensa el esfuerzo la decisión?

Además, muchas veces, a más datos, más confusión. Lo que importa no es tener muchos, sino los necesarios. Aquí viene bien recordar la regla 20 80 de Pareto. El 20% de los datos nos dan el 80% de la información necesaria.

3. No usar la intuición

Aparte de razonar usando la lógica, en nuestra naturaleza también existe la intuición. Hay un libro interesantísimo del escritor Daniel Goleman, titulado «Inteligencia emocional» en el que se explica muy bien cómo funciona esta máquina de decisiones rápidas.

Algo que demuestra la importancia de lo que llamamos intuición es el estudio de dos investigadores que se unieron. Uno era experto en micro-gestos, y el otro en predicción de divorcios. Entrevistaban a parejas y les hacían preguntas. Según sus respuestas, predecían si iban a estar juntos o no. 4 años después, el acierto de sus predicciones era del 94%.

¿Cómo lo consiguieron? Al principio hacían muchas preguntas, pero se dieron cuenta de cuáles eran los gestos que tenían que buscar. La clave era el micro-gesto de desprecio mientras la pareja hablaba.

Los sistemas de cuestiones clave se están usando con éxito desde hace años en consultas médicas de urgencias. Cuando llegas, te hacen una serie de preguntas protocolarias, y con esos datos, deciden a quién atender primero. Se pueden equivocar, pero según muchos estudios, los sistemas de decisión basados en preguntas clave funcionan mucho mejor que los que hacen un análisis demasiado profundo.

10 claves para decidir bien

Como habrás podido notar, ni la falta de decisión ni decidir a lo loco, son buenas estrategias. Entonces, ¿cómo podemos elaborar un sistema efectivo para tomar buenas decisiones? Vamos a ver 10 ideas a tener en cuenta.

1. Evitar las decisiones de sí o no

Tener solo la opción de sí y la de no es un conocido truco de venta: o te lo llevas ya, o pierdes la oferta. Pero, en realidad, casi siempre hay una tercera opción, sino más. Al cerebro le gustan las opciones de sí o no, son fáciles, no hay que pensar demasiado. ¿Voy a esta reunión o no? Sin embargo, si buscamos una alternativa, surgen nuevas preguntas: ¿Podría conectarme? ¿Podría ir solamente a una parte de la reunión? ¿Podría aplazarla?

No está mal eliminar opciones innecesarias y reducir todas las decisiones a dos o tres opciones, pero no tienen que ser sí o no, blanco o negro. Algo que podemos hacer es dividir una decisión en decisiones más pequeñas. 

Para tomar buenas decisiones, hay que tomar en cuenta múltiples factores

2. Probar en vez de decidir

Uno de los miedos que tenemos al decidir es no saber las consecuencias, ya que no tenemos una bola de cristal. Sin embargo, hay un pequeño atajo para poder calcular cómo nos va a salir la jugada.

En vez de poner en marcha todo lo que quiero decidir, ¿podría hacer una pequeña prueba que no tenga un resultado tan definitivo?

Un ejemplo podría ser una peluquería. Quiero montar una peluquería, pero no sé si será mejor peluquería o barbería. En vez de decidir y abrir el negocio, podemos poner dos anuncios y ver qué tal responde la gente.

Lo mismo podríamos hacer antes de una compra importante, como la de un automóvil. Podríamos calcular datos de consumo, pero también podríamos solicitar al concesionario hacer una prueba de conducción o hasta alquilar el coche una semana.

Las grandes empresas hacen esto. Lanzan prototipos, realizan tests A-B, prueban con promociones y ofrecen sus productos primero a grupos de usuarios destacados.

3. Evaluar el coste de oportunidad

Para saber cuál es el coste de oportunidad de cierta decisión en concreto, basta con preguntarnos: «Si hago esto, ¿qué voy a perder?»

Eso sí, recuerda que el tiempo es dinero. Un ejemplo sería cursar una carrera universitaria. Es cierto que, si nos esforzamos, conseguiremos un título relativamente valioso, pero también lo es que perdemos años de experiencia laboral, de hacer cursos, de ganar dinero en un empleo… años de vida, en definitiva.

Otro ejemplo sería una compra de cualquier producto. Plantéate: ¿qué cosas podrías hacer con ese dinero? ¿cuánto tiempo necesitas para conseguir ese dinero? Algo muy útil es pensar, en vez de en dinero, en cuántas horas de trabajo supondría esa compra.

“Todo lo que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.” – J. R. R. Tolkien Clic para tuitear

4. Evitar el sesgo de confirmación

Esto quiere decir no hacer lo que ya queremos hacer. A nuestro cerebro le gusta mucho confirmar las conclusiones que hemos sacado en primera instancia, muchas veces, sin demasiada base. Y si no, piensa en el tema del fútbol. Aquí en España hay dos grandes equipos confrontados: Madrid y Barça. Por supuesto, hay prensa deportiva que apoya total y claramente a alguno de estos clubes, al mismo tiempo que ataca al contrario. Bien… ¿Qué periódico deportivo crees que comprará un aficionado de uno u otro equipo?

Otra prueba del sesgo de confirmación son las redes sociales. Buscamos aquello que confirma lo que pensamos, nos hacemos amigos que coinciden con nuestra forma de ser. Incluso los propios algoritmos fomentan estos sesgos.

Es necesario retenerse y evitar un juicio antes de seguir al menos, algunos de los pasos que estamos analizando. A veces alguien nos pregunta y nos presiona para decidirnos. Mejor que ceder, es responder con elegancia que no sabemos todavía, no lo tenemos claro, necesitamos pensarlo un poco.

5. Ver cómo le fue a otro

Otra base para tomar decisiones acertadas es ver cómo les ha ido a otros al tomar la misma decisión o parecida. También serviría recordar cómo nos fue a nosotros en el pasado. Vamos… la experiencia propia y ajena.

Es útil, antes de realizar una compra o alquilar un servicio, buscar en internet las valoraciones de otros clientes y usuarios, o analizar artículos especializados que hablen de eso que queremos decidir. (Recuerda, con mesura, que no queremos ‘parálisis por análisis’).

Investigar desde lejos antes de tomar decisiones

Incluso, para ciertas cosas, es bastante provechoso llevar un listado, o al menos, anotar nuestras impresiones. Esto evita otro sesgo de la memoria: evitar recordar las malas experiencias y transformar los recuerdos en positivos.

6. Encuentra a alguien que no esté de acuerdo

Este punto es realmente disruptivo. Si quieres tomar una decisión, no busques solo a quien te apoya. Como decía Stephen Covey, ‘si alguien piensa igual que yo, no me esta aportando nada’ (o algo parecido)

En la iglesia católica existía una figura conocida como el “Abogado del diablo” (promotor fidei). Era aquel que objetaba, exigía pruebas y buscaba errores en todo lo que se presentaba para canonizar a alguien. Pues algo parecido, viene bien antes de canonizar una decisión que después, pueda resultar en un fiasco. Puede ser un familiar, o un amigo, o un compañero de trabajo… el que sea, pero que sea sincero.

“Si no tienes la información que necesitas para tomar decisiones sabias, busca a alguien que sí la tenga.” – Lori Hil Clic para tuitear

7. No dejes que las emociones decidan

Es muy importante esperar un poco antes de decidir algo importante. Las prisas son malas consejeras. Claro, no podemos darle el mismo tiempo a todas las decisiones.

Un truco: Valora del 0 al 10 la importancia de la decisión que vamos a tomar. El resultado te dirá la cantidad de horas, como máximo, que deberás usar para decidirte. Recuerda bloquear el tiempo necesario para reflexionar en el asunto. Por cierto, evita las reuniones de última hora.

Consúltalo con la almohada. No tomes decisiones por impulso, ni cuando te sientas desanimado. Una cosa interesante es que, para nuestro cerebro es más difícil perder algo, que ganarlo.

La famosa Paradoja de Monty Hall (tres puertas con premios; dos cabras y un coche) lo ilustra muy bien. Se elige una puerta, y, a continuación, el presentador abre una que esconde una cabra. Después, pregunta al concursante si se queda con su primera elección, o prefiere cambiar. La mayoría de las personas se quedan con lo que tienen por una cuestión emocional (no quieren perder lo que ya tienen). Sin embargo, la estadística demuestra que tiene el 66% de probabilidades de ganar el coche si cambia. Mira el video de abajo si no te lo crees.

La influencia de las emociones al decidir se traduce, tristemente, en pérdidas en bolsa, o en la adicción al juego por dinero.

Cuidado también con las comparaciones; no decidas simplemente por parecerte a otra persona, ni cedas a la presión social. Hacer lo que hace todo el mundo, porque siempre se ha hecho así, o por caer bien a los demás, no son razones aceptables. Las mejores decisiones se basan en principios.

“Las peores decisiones en la vida son las que tomamos basándonos en el miedo.” – Sherrilyn Kenyon Clic para tuitear

8. Toma distancia

Muchas veces, los árboles no dejan ver el bosque. Para distanciarte del bosque, imagina que no eres tú, que eres un vecino, un familiar. ¿Qué elegiría yo si la decisión la tiene que tomar otra persona?

Al hacer esta reflexión, uno se da cuenta de la importancia relativa de las decisiones que tomamos.

“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.” – Henry F. Amiel Clic para tuitear

9. Prepárate para el error

Otra pregunta a tener en cuenta es: ¿qué es lo peor que me pasaría si? Piensa en modo ganar ganar (win win). Un ejemplo personal es el proyecto EfectiVida, que empezó siendo un podcast. Antes de decidirme, pensé: «Si funciona, genial. Si no funciona, bien también. Aprenderé mucho sin gastar casi nada, y habré disfrutado con la experiencia».

Otra técnica es comparar bueno con lo malo, usando un folio a la mitad. En la parte superior pongamos las cosas a favor, y en la inferior, las contras. Se pueden usar más variantes, como vimos antes en lo de los árboles de decisiones, pero con esto sería más de lo que hace la mayoría antes de decidirse por algo.

Además, si percibes los riesgos pero quieres seguir adelante, siempre puedes protegerte por si acaso.

Armadura de protección para tomar decisiones

10. Asume el cambio

Las decisiones no suelen ser para siempre. Lo que hoy decidí, mañana puede cambiar. Muchas veces se valora a aquel que toma una decisión y no la cambia, pero es mucho más valiente (y enooormemente más práctico) ser capaces de girar 180 grados sin inmutarnos.

Esto aplica a los negocios, o a las inversiones. Si no funciona pasado un tiempo razonable, ¡cambia! No pasa nada. Sin cambio, sin decisiones, no hay mejora.

“Usar el poder de decidir te da la capacidad de superar toda excusa para cambiar cualquier parte de tu vida en un instante.” – Anthony Robbins Clic para tuitear

No estaría de más tener un plan de cambio, una alternativa definida de antemano.

Extra: regla 10 10 10 para tomar decisiones. 

Ya que hemos visto10 ideas para tomar decisiones, por redundar con eso del 10, como extra, me gustaría compartir una regla que aprendí, y que resulta muy práctica para tomar decisiones por sus sencillez y eficacia.

Pregúntate: si tomo esta decisión, ¿cómo me veo dentro de 10 minutos? ¿cómo me veo dentro de 10 meses? ¿cómo me veo dentro de 10 años?

No está mal el truquito, ¿verdad?

“Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.” – Franz Kafka Clic para tuitear

El gran maestro y la decisión correcta

Para terminar, me gustaría compartir una historia que tiene mucho que ver con decisión y con acción.

En un monasterio había un maestro, un guardian y un montón de alumnos. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos para escoger a quien tendría ese honor.

“Voy a presentarles un problema – dijo -. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

“Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación y lo tiró al suelo.

“Usted es el nuevo guardián» – le dijo el gran maestro, y explicó – : 

«Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de UN PROBLEMA.» 

MORALEJA: No importa cuál sea el problema, debe ser resueltos. Hay que tirarse a la piscina, hay que actuar. Es mejor equivocarse por haberlo intentado, que arrepentirse de no hacerlo.

“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.” – Antoine de Saint-Exupéry Clic para tuitear

Espero que te haya gustado este tema, y que las ideas presentadas te ayuden a tomar decisiones correctas.

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Jaír Amores

Mi nombre es Jaír y soy de la cosecha del 78. Estoy felizmente casado, tenemos dos preciosas hijas, y vivimos en Las Palmas de Gran Canaria. Desde muy chico, ya me gustaba el tema de la efectividad. Disfrutaba haciéndome un horario, poniendo en marcha sistemas para automatizar tareas. Y… no sé si a ti te ha ocurrido también: me daba cuenta de muchas cosas que podrían hacerse mejor, bien con más eficiencia o eficacia. Me sigue pasando, por cierto. Aparte de la curiosidad innata por estos campos, he leído muchos libros de esta temática, he realizado cursos, y también me he formado gracias a podcasts, blogs, videos, y todo lo que ha caído en mis manos. Tengo muuuuuchas inquietudes. Estudiar y aprender es en sí mismo, un deleite para mí. Y compartir lo que aprendo… todavía mejor si cabe. Estoy convencido de que la efectividad siempre es mejorable, pero… sin olvidar las cosas importantes de la vida.

2 commentarios

Inkspire · 18/04/2018 a las 3:24 pm

Muy interesante. Agregaría un punto en la toma de decisiones: ¿Qué impacto tiene la decisión en el entorno?
La mentalidad capitalista nos ha llevado a pensar que lo que es bueno para mí, también es bueno para los demás (premisa de Adam Smith y su mano invisible). Pero esto no siempre es así. Existen distorsiones en el mercado, y llamo mercado a todo espacio en el que se intercambian cosas tangibles o intangibles, con o sin componente monetario. Por esto, una decisión responsable no es sólo aquella que genera para el que decide un impacto positivo, sino aquella que también beneficia al entorno, eliminando externalidades negativas y, mejor aún, creando externalidades positivas. Esta es una EfectiVida ética. Encontrarás que soy reiterativa en este punto, y la razón es que creo que allí está la semilla de lo que podemos aportar a la nueva sociedad: empatía activa y consciente para lograr que el mundo sea mejor.

Nuevamente felicitarte por tu entrada (fondo y forma). Es muy útil, de mucha calidad y muy amena. Los diez pasos los tengo identificados y el plus del 10/10/10 me parece maravilloso. Gracias por tu tiempo y esfuerzo (que valoro) y por compartir tus enseñanzas.

    Jaír Amores · 18/04/2018 a las 4:43 pm

    Muchas gracias por su comentario. No conocía la premisa de la «mano invisible». Le echaré un ojo, porque la he visto sólo por encima, y debería dedicarle un poco más de tiempo para entenderla bien. (Me lo anoto). Eso sí, la ética al tomar decisiones es importantísima, desde luego. Gracias de nuevo por la aportación!

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